Por los clavos del Cristo del Talego,
por el amor de Ford resucitado,
que aunque pretenda siempre lento el fuego
su guiso empieza a oler a chamuscado.
Y no encuentra la fórmula precisa
(¿será que con la noche muere el día?)
para aliviar con versos tanta prisa.
No quiero que parezca grosería
recomendarle un chute de jarabe
de hostias sin consagrar y de alma en pena
y sangre derramada en vino suave,
luego un pico de inspiración en vena
y reposo absoluto, que ya sabe
que es ley para aguardar la cuarentena.
