Nací en Tauro esquina con Ganimedes
al norte de la eclíptica de Marte,
en una luna reservada al arte
telúrico que enluta las paredes.
Nací de una tormenta de centellas
y de un chaparrón de meteoritos,
cuenta el anciano Orión que oyó los gritos
a un siglo luz y que temió por ellas.
Nací el año astral en que la tormenta
perfecta se vistió de imperfecciones
para la ocasión, soltera y elegante,
un día plomizo entre estaciones
en el amanecer de los setenta.
Nací al amparo de una estrella errante.