viernes, febrero 03, 2012

Tristemente lombriz

Tristemente lombriz, flaca carnaza
para el depredador de las finanzas
somos tú y yo, sus sanchopanzas,
por turnos su aliciente y su coraza.
Su saco de dormir, su gas mostaza,
el pecho donde no hieren las lanzas,
la zancadilla al pie mientras avanzas
a tientas por la arena de la plaza.

Tristemente lombriz, gusano en Babia
somos tú y yo en un mundo equivocado
de buitres y de hienas de oficina,
de pérfidos gestores de la rabia
que de una mano prestan lo robado
y de otra extienden bien la vaselina.



martes, enero 24, 2012

Una de buenos, malos y lo de en medio

LA VIDA, LA MUERTE Y LO DE EN MEDIO

SINOPSIS: Hipólito Bueno es un detective cuarentón afincado en Granada que se precia de ser un tipo taciturno, mujeriego, cinéfilo y de buen corazón, si bien de tan desconfiado que se ha vuelto peca sin remedio de galopín y algo buscón. El día de nochevieja, en tanto aguarda intranquilo la llegada a la cena de una misteriosa dama, nuestro protagonista hace un amplio repaso de lo que ha dado de sí el año que se agota. Es así como el detective narrador se despoja de sus complejos y nos brinda, tan anárquicamente como llegan las imágenes a su recuerdo, el relato entreverado de seis de los casos más relevantes que cambiaron su vida tanto humana como profesionalmente y le otorgaron el reconocimiento que hoy nadie le discute en la ciudad. En todo este mejunje vital tienen mucho que decir las reglas nunca escritas del azar y los acordes de un oportuno bolero.



sábado, diciembre 31, 2011

Felicitación navideña 2011 (por espinelas)

I

Una estrella se ha apagado
sobre las dunas de Oriente
ahorrando al contribuyente
los gastos del alumbrado.
Y la fanfarria ha acallado
los sonidos del destierro,
y el pavo ha legado al perro
la cena de Nochebuena
en una reunión obscena
con Ratzi de testaferro.

II

Tres reyes se han extraviado
al cruzar la piel de toro,
le llevan grifa a Montoro
y a De Guindos hash curado.
Los tres se han jubilado
con un sueldo millonario
rescatado del Erario
por milenios de servicio,
que ya regalan por vicio:
¿quién quiere ser funcionario?

III

Para el año venidero
y antes de que el mundo acabe
me he propuesto hacer jarabe
contra el cáncer de banquero,
agitar el sonajero
de pensamientos impuros,
volver a pagar en duros,
cuadrar con mimos la esfera
y hacer surf en la bañera
de mi agente de seguros.


jueves, noviembre 24, 2011

Iluso (quintillas para un milagro)

¿Quién va a este envite a la chica
por un mañana mejor?
si hasta el sol se automedica
con calas de la botica
de su escuela de calor.

¿Quién extirpa esta carpanta
con talón al portador?
si el ruiseñor ya no canta
-puto cáncer de garganta
que lo mata por amor-.

¿Qué plumífero engreído
trovará odas al dolor?
si hasta el borde de Cupido
anda al borde del despido
de su cielo protector.

¿Qué manual de bonhomía
se recomienda al lector?
si huele a casa vacía
y a polilla en rebeldía
con las bolas de alcanfor.

¿Quién acudirá al rescate?
¿Quién será el mejor postor?
¿Qué suerte de disparate
rubricará el jaque mate
con sus derechos de autor?

¿Por qué late el corazón
en un palpitar confuso
que ni avenirse a razón
ni llorar quiere el torpón
opositante de iluso?



martes, octubre 04, 2011

Mambrú

Mambrú no tiene empleo conocido
desde que lo botaron del taller,
apenas una choza de alquiler
en el Poblado del Tiempo Perdido
y un caldo de puchero recocido
y tres bocas pidiendo de comer
y un plazo fijo en Banco Santander
penando en la cuneta del olvido.
Mambrú ya no comprende el acertijo
de saludar al sol cada mañana
y de salir con la humildad a escena.
Le queda una bala y un crucifijo
para llegar a fin de la semana
ay qué dolor, ay qué dolor, qué pena.


jueves, agosto 04, 2011

La calentura del celuloide VIII: Verano del 52

El verano de 1952 fue, gracias al realizador sueco Ingmar Bergman, Un verano con Mónica o un verano en el archipiélago de Estocolmo al cobijo de una lancha con Harriet Andersson en punto de fusión a su veintena, que tanto monta. Fue un verano en blanco y negro expuesto al sonido perenne del agua rezumando por las rocas y al salto olímpico de las hormonas adolescentes desde el trampolín de la promiscuidad, un triple inmortal con tirabuzones. Harry y Mónica entregados a la experiencia vital de descubrir el mundo sin relojes ni complejos ni prisas ni humillaciones, apremiados en exclusiva por la urgencia de escapar de sus mayores, del angustioso silencio del hogar de uno y el bullicio insolente del universo familiar de la otra, del oscuro horizonte que el hermetismo del sistema socioeconómico reservaba a los inadaptados de palabra, obra y omisión.

El protagonista absoluto de esta desventura es Mónica, el complejo personaje desarrollado por Harriet Andersson, a quien Bergman calificó como uno de esos genios cinematográficos de los que uno solo encuentra algunos raros ejemplares resplandecientes en los tortuosos caminos de la jungla cinematográfica. Mónica representa todo el desánimo que la clase menos pudiente es capaz de depositar en un futuro incierto, toda la desilusión y aquella manipulación inconsciente que en forma de rebeldía explora nuevos caminos en una fuga suicida hacia el sol magnífico del verano. Bergman cocina a fuego lento los tiempos del drama y dibuja con tiralíneas de precisión el desenlace de la historia, mostrándonos poco a poco el apetitoso cuerpo de la actriz en aproximaciones sucesivas a su desnudez absoluta, tentación como telaraña en la que caerá irremisiblemente atrapado Harry (Lars Ekborg) para su pronta desgracia. Del suéter ceñido al cuello, opresor de unos abultados pechos suplicantes por la libertad condicional, al reclamo de una galería de escotes pronunciados y de unas piernas bajo unas medias de encaje que son lentamente reveladas al desgaire; del monótono uniforme de ciudadana convencional a la concesión carnal hecha a las exigencias estivales, el sueco va deshojando pacientemente la margarita hasta que llega el esperado momento primero de la revelación en que la chica se despoja de la ropa ante el chico, el momento de exhibir el cuerpo completamente desnudo de la actriz descendiendo por las rocas hacia la costa, hacia la pequeña poza en que chapotea como una niña que nunca hubiese visto el mar cimbrando el busto con cierta afectación infantil de día de estreno.

Habida cuenta del interés que esta película despertó entre la generación de jóvenes cineastas de la Nouvelle Vague, es más que sospechable el poderoso influjo que pudo ejercer en Los 400 golpes de Truffaut y en el cine de Godard, quien llegó a referirse a Bergman como el cineasta del instante. Su cámara busca una sola cosa: atrapar el segundo presente en lo que tiene de más fugaz y profundizar en él para otorgarle un valor de eternidad. Hay que ver Un verano con Mónica siquiera por esos minutos extraordinarios en los que Harriet Andersson, antes de volver a acostarse con un tipo al que ha abandonado, mira fijamente a la cámara, sus ojos risueños anegados de angustia, tomando al espectador por testigo del desprecio que siente por sí misma al preferir involuntariamente el infierno en lugar del cielo. Es el plano más triste de la historia del cine. Ese plano de la penúltima bobina de la cinta a que hace alusión Godard merece un sitial en el museo de la memoria cinematográfica del siglo XX por escalofriante, por turbador, por inquisidor, porque vapulea las conciencias sin atenuantes, porque la demoledora mirada a cámara de Mónica nos hace juez y parte de su destino durante una eternidad que dura escasos segundos, porque Bergman lo oscurece para interrogarnos en la intimidad, desde el otro lado de las pupilas de la protagonista, sobre la moralidad de sus planteamientos y la inmadurez de su forma de proceder. Mónica abandona a su familia por segunda vez, ahora a Harry y al retoño que de él concibió en alguno de sus escarceos playeros, a su nueva familia, para emprender un último viaje hacia su País de las Maravillas sin boleto de vuelta. Y el padre permanece con el bebé y añora a la madre, y cada instante de su nueva condición le trae a la mente los recuerdos de una época anterior sin ataduras vitales, más libre y más feliz, cuando Mónica seducía al sol con su exuberante juventud y coqueteaba con el agua salada ofreciéndole su cuerpo desnudo como prenda de una alianza de purificación que hizo temblar los pilares de la tierra yerma.


jueves, julio 14, 2011

Menáge à quatre

Las naves a la deriva,
las jarcias tejiendo el viento,
bravas las olas, violento
el tsunami en la saliva.
Carne ligera de estiba
ayuntando a barlovento,
beso que inaugura un ciento
(cero abajo, cero arriba).
Mar que empapa el amor, mar
cómplice de este revuelo
de espumas blancas, mar
lujurioso, mar en celo,
menáge à quatre al contar
dos cuerpos, un mar y un cielo.

viernes, julio 08, 2011

La calentura del celuloide VII: Las cataratas del diablo

Kiss, kiss me... Say you miss, miss me... sonaba a modo de consigna la melodía del viejo vinilo que igual encandilaba a Marilyn Monroe que azoraba a Joseph Cotten, el matrimonio Loomis, aquellos días de 1953 que vivieron peligrosamente al pie de las cataratas del Niágara dejándose manipular por los hilos que movía Henry Hathaway con sobrada destreza, aquellos postreros días de sus vidas... Sin embargo, las atenciones dictadas por el estribillo que una vez tañeron las campanas de la torre de Niagara Falls no eran aplicadas por la señora Loomis en nombre del amor hacia su esposo y, peor aún, él tenía conocimiento de ello. La señora Loomis se beneficiaba a un joven tarambana, quien probablemente no hubiese sido el primer amante de su lista pero en alguna parte estaba escrito con pintalabios en carmín De Luxe que habría de ser el último. Todo ello al desamparo de una madre naturaleza en Cinemascope vestida de gala para la ocasión, luciendo sus mejores joyas y los más cálidos tonos azulados. Es así como la acechante presencia de un paisaje tan conspicuo como agresivo confiere a la película una identificación ininterrumpida de contrarios, verbigracia la placidez del arco iris frente a las arremetidas de la catarata, las ordenadas manifestaciones naturales frente a la debacle entrópica de los actos humanos, la belleza frente a la tragedia, el tedioso fluir de la vida frente a la redención en brazos de la muerte o el pronunciado contraste entre los dos personajes femeninos protagonistas: la prudencia y el recato de la señora Cutler (Jean Peters), testigo accidental del deterioro del matrimonio vecino, frente a la olla a presión de descaro, sofisticación, riesgo y carnalidad de la señora Loomis, carácter al que la Monroe dota de un realismo atroz que roza la perfección de la ley natural que la envuelve.

Desde las primeras gotas de Niágara, que son como el principio bíblico de los tiempos cuando Dios creó el agua y las montañas, la campiña y la naturaleza bullente, al hombre errático por el Paraíso y, al ver que no era bueno que estuviese solo, de una costilla suya, con un pellizco de barro y un hálito mágico, a la mujer que lo echó todo a perder, desde el principio del filme, decía, la mujer, es decir Marilyn y solo ella, se muestra como el objeto acuciante del pecado, el reptil infausto del Edén, la tentación que antes de vivir arriba existió en la cama contigua, sin hojas de parra ni pudores que aderezar, cubierta apenas su exuberante y sediciosa desnudez por una sábana semitransparente de blanco impoluto que hace el juego en tecnicolor a la vívida negrura de su alma. Y cuando no revolotea desnuda, ya sea en el lecho o bajo la ducha, eso sí, sin que un solo cabello de la fronda de su peinado se descomponga y sin perder el furioso e incitante rojo pasión de su sonrisa, exhibe aquí y allá una pródiga galería de vestidos ceñidos al talle que ninguna otra Eva podría haberse enfundado jamás. Redoble de temblores. Por no hablar de ese afectado y peculiar contoneo a tacón recortado, según la leyenda que acompaña al mito de carne y hueso (mucha más carne que hueso en este caso), que traza curvas en el aire que escapan a los contenidos de la matemática mundana del observador, sugiriendo una extensa galería de formas redundantes de balanceo isócrono, una serpentine performance según el entonces crítico del New York Herald Tribune. Hathaway, sin embargo, atribuye la estética del vaivén de las caderas de la Monroe simplemente a la altura de los tacones que calzaba, la irregularidad del firme del puente en que se rodó la escena y a la angostura extrema de la falda que apresaba el anca de la diva en una jaula de algodón. Sea como fuere, ese narcisista caminar cámara en popa, largamente sostenido con indolencia, descontrola los ritmos de salivación y desafía a muerte las buenas maneras de las geometrías del espaciotiempo.

miércoles, mayo 25, 2011

Desde que no me pincho

Desde que no me pincho nada en vena
por prescripción de mi facultativo
y ver a Nemo hundir a la ballena
es mi única razón para estar vivo,
desde válgame Dios que Ford no estrena
filme analgésico y antitusivo
y el futuro perfecto es la gangrena
del pasado simple de subjuntivo,

desde entonces, doctor, me cuesta el evo
como picapedrero de la letra
armar la pluma por un mundo nuevo,
volar el verso exacto que perpetra
la muerte de lo injusto.
                                                  Nada llevo
dentro,
                      todo lo meo,
                                                  mala uretra.




martes, mayo 24, 2011

Like a rolling stone (Bob Dylan)

En otro tiempo
ibas bien vestida
y arrojabas monedas a los holgazanes
en tu mayor apogeo
¿no es así?

La gente te decía
oye, ten cuidado, nena,
que algún día caerás.
Sin embargo creías que todos
te tomaban el pelo.

Solías hacer mofa
de los que haraganeaban.
Ya tu voz
no es tan poderosa.
Ya no pareces
tan orgullosa
de tener que gorronear
la próxima comida.

Has ido a la mejor escuela,
Miss Soledad,
pero sabes que allí
únicamente
te exprimían.

Nunca nadie te enseñó
cómo se vive en la calle
y ahora descubres
que tendrás que
acostumbrarte a ello.

Dijiste que nunca te comprometerías
con el vagabundo misterioso, mas ahora te das cuenta
de que no vende humo
cuando penetras el vacío de sus ojos
y le preguntas ¿quieres que
hagamos un trato?

Nunca te giraste
para admirar el ceño
de los malabaristas y los payasos
mientras se acercaban
y hacían trucos para ti.

Nunca entendiste
que aquello no era bueno,
que no debías permitir
a nadie
que se divirtiera por ti.

Solías montar a lomos de un caballo cromado con tu diplomático,
quien llevaba sobre su hombro un gato siamés.
¿Acaso no duele descubrir que
él no era quien parecía ser,
después de que se llevase todo
lo que pudo robarte?

La princesa en la torre
y toda aquella gente guapa
no cesa de beber, pensando
que ya
lo han conseguido.

Se intercambian
valiosos regalos.
Mejor que tú
cojas tu anillo de diamantes
y lo empeñes, nena.

Solías ser tan divertida
con Warhol 1 y ese lenguaje que empleaba.
Vuelve a él, te está llamando, no puedes negarte.
Cuando nada tienes, nada puedes perder.
Ahora eres invisible, no tienes secretos
que ocultar.


¿Qué se siente?
¿Qué se siente
al no tener un hogar
y vivir como un completo ignorado,
como un canto rodado?



1. Aquí Dylan no fue tan explícito y se refirió a la Factoría Warhol como "Napoleon in rags"





miércoles, marzo 30, 2011

Pornational Geographic

París (Texas) y el mundo por entregas
con amor, pero no de esos que matan,
pinté sobre tu piel de azul Manhattan
con escala en Hawai y un viva Las Vegas.

Sobre tu pecho obré la peripecia
de vislumbrar Europa, sinfonía
de Berlín, hombre-ojo en Lisboa, un día
en Nueva York, mujeres en Venecia.

Rocé, llegando al pubis, la vesania
de safari por Kenia y sus pasiones,
humedal, selva negra y medio giro:

El objetivo es un coito en Birmania,
apperta como Roma y con tacones
y un trío en Düsseldorf con el vampiro.



miércoles, marzo 23, 2011

Lujuria (módulo 2)

Vivo al norte de Nept1
al amparo de un lu0
por paliar el agua0
que es tu cuerpo o no es ning1.
En qué universo oport1,
en qué húmedo roman0
bendije ser apar0
de tu pecho, oh diosa J1.
Contra eso no me vac1,
que es la carne de vac1
gloria para el carni0,
y aun rematado el ter0
enhiesto el pincho mor1
continúa al desay1.



jueves, marzo 17, 2011

Contigo

Como dilucidar la conjetura
que urge vida a la vuelta de la vida,
como alentar el ímpetu suicida
que me hace apostatar de la locura
y hundir la llaga de mi calentura
en aguas de la tierra prometida,
como entrar con buen pie por la salida,
como peinarme a trenzas la tonsura,
como lanzar al aire una moneda
con cruz de mayo y con cara de amigo,
rendir al cielo las lanzas en Breda,
jurar bandera a un palmo de tu ombligo,
zarpar con el pirata de Espronceda
rumbo a otro mar, así es estar contigo.








jueves, febrero 17, 2011

La calentura del celuloide VI: Más hielo

Kathleen Turner hizo su debut en el cine en 1981 encarnando a la irresistible femme fatal de una compleja urdimbre de obscenidades, engaños, chantajes, explosiones, infidelidades, suplantaciones y muertes orquestada (libreto incluido) por Lawrence Kasdan que se tituló Fuego en el cuerpo. El lector que conozca el film no se sorprenderá en absoluto por su título, poética traducción de Body heat, pues ya habrá experimentado en su pellejo el sudor acumulado de mil húmedos veranos, arritmias de lata fría de cerveza y ventilador, camisas con cerco en los sobacos y la espalda y palmitos pegajosos en apenas dos horas de metraje. Es esta la película en que Miss Turner, provocadora y sexual como nunca antes ni después, se hizo carne y acampó entre nosotros y se quedó para siempre en el recuerdo colectivo de los que nos hicimos mayores de edad en los gloriosos ochenta. También es esta la película en que Miss Turner se acomoda en un rodal de la alargada sombra que habían proyectado anteriormente las peligrosísimas Barbara Stanwyck y otra Turner rubia, Lana sin esquilar de la mejor oveja, sexo en estado de gracia (o desgracia en el caso de sus partenaires) en Perdición (desde entonces Barbara Stanwyck solo significó el sexo en el cine, diría Cabrera Infante, el Cain que no fue James) y El cartero siempre llama dos veces, respectivamente. Porque Fuego en el cuerpo es Cain (este sí es James) sin tapujos, con addendum de erótica noir y calor tropical que incontestablemente alagan el cuerpo entero de los protagonistas y el sur del ombligo de los espectadores: Deberías vestirte de otro modo, exhorta William Hurt a la Turner. Es una blusa y una falda, no es nada del otro mundo, replica ella. O quizás no tener ese cuerpo, sentencia finalmente el ingenuo abogado floridense interpretado por Hurt, que sucumbió por KO técnico en el primer asalto a los favores de la buscona. ¿Y quién no?

Hecho el deseo prisa y prisión, el ejercicio de seducción que plantea la primera parte del film es un elogio a la descubierta de la palabra, un verdadero duelo verbal en la cumbre entre los futuros amantes: Le hablaría de mis campanitas −dice ella aun a riesgo de que nuestras babas salpiquen su descarada presencia−. ¿Qué les pasa? En ese momento la tensión sexual es equiparable a la altura del mercurio que se adivina en la taberna de Pinehaven. Con el viento se mueven... y yo me lanzo a la terraza en busca de la brisa fresca. Y el termómetro y las braguetas acaban por restallar cuando ella dispara: Con el ajetreo me sube la temperatura a cien. Nada grave. Será cosa del motor. Él aguanta estoicamente la andanada: Precisarás una puesta a punto. Pero la suerte ya está echada: Y naturalmente tú tienes la herramienta justa. Puro sexo oral.

Y tras este prefacio literario que disparó todas las alertas, ahora sí el sexo carnal. Casi treinta años han transcurrido desde que Kathleen Turner fundase con Body heat el hot club de vamps del cine moderno. Tras ella varios nombres más han adquirido los derechos que otorgan una tarjeta de socio en tan distinguida organización, de entre los que pueblan los más húmedos rincones de mi memoria Theresa Russell por El caso de la viuda negra, Sharon Stone por Instinto básico o, más recientemente, una exuberante Elisabeth Shue de rompe y rasga con ligero toque Marilyn en Palmetto, así como la espléndida y esplendorosa madurez que Marisa Tomei luce en la última pieza del engranaje Lumet Antes que el diablo sepa que has muerto. Pero tú serás, Kathy, siempre la primera, y doquiera que estés en cualquier rincón plácido del Caribe sorbiendo daikiris lo que hoy escribo es un soplo de brisa para ti (y para que nunca muera en mi recuerdo el perverso titilar de tus chimes).

No es hora de hacer inventario.
Más hielo.
Me quemo por dentro.


miércoles, febrero 16, 2011

Desde Málaga con amor

Hoy no escribo yo. Hoy es el corazón de Inma la Dulce el que derrama tinta en tecnicolor desde el recuerdo en blanco y negro del año que vivimos peligrosamente en la ciudad más bonita del mundo. Gracias, boquerona, por ayudarme a cuadrar el celuloide. Ya me voy, que vienen los indios



martes, febrero 01, 2011

Chotis del metro

I

El cielo es un tejado de uralita,
la luna una lucerna en el andén,
la suerte compra en Doña Manolita
boleto por no equivocar el tren.

La prisa llega tarde a nuestra cita
con Belcebú en la Plaza del Edén,
en un banco la zorra de Adelita
se da el lote con otro niño bien.

Tú me pintas la cara de urbanita,
yo me dejo mecer por el vaivén
de un vagón que a la noche regurgita
mañanas de café y Espidifén,
tú deshojas en Sol la margarita,
yo en fa acudo cuando me dices ven.

II

El tiempo es un mejunje de farlopa
dormido en la nariz de la rutina,
la vida una escalera y una tropa
de zombis encumbrando la oficina.

Y un caballo de hierro que galopa
por vía intravenosa, medicina
venial contra el atascadero, sopa
boba de los flacos, lluvia endocrina.

Allá donde el mar cabe en una copa
de aceite reciclado de aspirina
afana porvenir la mano zopa
de un chulo balandrón de La Latina
y ya hurga por debajo de la ropa
de Adelita el chulapo de la esquina.



domingo, octubre 03, 2010

La calentura del celuloide V: Una póliza a (casi) todo riesgo

El plan, señor Robinson, era tan brillante como la mirada a media luz de la dama que me embaucó. Créame: estaba exento del menor atisbo de fracaso. Habíamos calculado con obsesiva precisión de relojero suizo hasta el más nimio de los detalles. Empero aquí me tiene al alba maltrecho, agraviado y tembloroso grabando mi confesión para los anales policiales del FBI. Y es que sucede a menudo a los flacos de bragueta que la Perdición (Billy Wilder, 1944) nos sorprende con los anticuerpos en huelga de guardia y nos embriaga el cerebro con turbias fragancias de mujer, perfumes sulfúreos de modernas Evas que mondan y ofrecen con una sonrisa irresistible la fruta del pecado para esconder luego la mano que portó el cuchillo. El mío llevaba escrito Barbara en el marbete: Barbara Stanwyck, para más señas del fabricante. Marca degolladero. Made in hell.

Como le decía, señor Robinson, el plan no conocía fisuras (y con esto no pretendo subestimar en modo alguno sus más que probadas dotes detectivescas). Mas sucede que no hay trama infalible, usted lo sabe bien... No puede llegar a imaginarse las cumbres que un hombre estaría dispuesto a escalar por conseguir el favor sexual de una hembra como ella. Si me permite un consejo guárdese, señor Robinson, de anhelar apetitosas carnes que esconden en su interior anzuelos fatales de esos que arruinan a uno la vida al primer mordisco. Lo que quiero decirle es que, si mi olfato no vuelve a traicionarme, yo en su lugar pondría tierra de por medio con esa tal señorita Bennett antes de que sea demasiado tarde y no haya lugar al antídoto para la dosis de Perversidad inoculada.

Recuerdo sin sonrojo la primera vez que vi a la señora Stanwyck; aquella fatídica y calurosa mañana californiana de finales de mayo en que llamé a su puerta para negociar la renovación de una póliza de seguros de automóvil con su marido, quien dicho sea de paso se encontraba ausente. Ella se me ofreció a la vista desde el piso de arriba, en ese espacio dormido donde la escalera deja paso a un escaparate de ponzoñas de ocasión, interrumpiendo su baño de sol y envuelta en una toalla blanca que venía a abandonar el lienzo apenas un par de centímetros por debajo de sus rodillas. Arrebatadora en su insolente lozanía me instó a esperarla a que se vistiera. Al cabo de unos minutos escuché un redoble cadencioso de tacones golpeando la madera de los peldaños y ella, como una milagrosa aparición, emergió de la luz al cabo de una turbadora panorámica de abajo arriba con una pulsera decorando su tobillo izquierdo (¿ha visto alguna vez algo semejante?), abrochándose con demora los botones del vestido, y se pintó los labios de carmín intenso ante un tipo aún risueño que se parecía demasiado a mí; un tipo atrapado por el estupor frente al espejo en que ella plantaba cara a su peligroso reflejo. A esas alturas yo ya casi había olvidado lo que fui a hacer a aquella idílica mansión. Luego nos sentamos y ella cruzó y descruzó y volvió a cruzar sus piernas, descubiertas y extendidas, y me dijo su nombre; y yo, que ya iba a noventa por las carreteras de un estado en que la velocidad máxima permitida es cuarenta y cinco, recibí una amonestación con aroma de madreselvas que sólo me permitía pensar en mi cita con ella al día siguiente, a pesar de que a buen seguro en esta ocasión estaría presente el señor Dietrichson: su desdichado marido.

Empieza a entender ¿verdad, señor Robinson? El resto ya lo conoce: ella, que no era novata en el arte del crimen, soñaba con el asesinato de los cien mil dólares de la doble póliza de accidentes y yo solamente con la pulsera de su tobillo. ¿Sabe? En una última ocasión me confesó, reduciendo a cenizas nuestro universo privado de claroscuros, que tenía el alma podrida. Eso ya no era noticia para mí. El problema es que, para llegar a su alma y percibir el nauseabundo olor que despedía, hube de atravesar un cuerpo (delictivo) de crisálida del deseo y burlar una elocuencia aprendida en inhóspitos arrabales del infierno que pareciese inspirada por la pluma del mismísimo James Cain.

Y estaba también (¿lo he dicho ya?) esa desconcertante fragancia de madreselvas que inundaba el aire de peligro y esa pulsera en el tobillo...



miércoles, septiembre 08, 2010

La Dánae de Klimt (inventario voyeurista)

De cárdeno organdí salpimentada,
rociada de un incienso embriagador,
no hubo virgen más puta alrededor
ni diosa por los dioses más amada.

Una lluvia eficaz de mies dorada
y semen rubio inunda el colector
de tu sueño, ¡oh, Zeus progenitor!,
preñándote el caudal con la alborada.

Y así, feto a babor, mientras te tocas
el sexo con fruición de pizpireta
y ocultas con tus dedos como bocas
el cofre de tu pecho, mi bragueta
y su fiebre festejan como locas
la tímida eclosión de la otra teta.





martes, julio 06, 2010

Larissa (o Por quién redoblan las vuvuzelas)




No es noticia que yo, después de todo,
reniegue de honor patrio y de bandera
si piensas que arrancó esta ventolera
de cuajo mi afición. De cualquier modo
¿quién puede renunciar a una gacela
cruzando en libertad, con tanta gracia,
al bies la Plaza de la Democracia
sin complejos, sin ropa y sin abuela?
Al pilón con capellos, maradonas,
jabulanis y primas concertadas,
que aunque haya tras las carnes corazones
que aplaudan a la Roja, las hormonas
no quieren ensayar otras jugadas
que la mano de Dios con dos balones.



martes, junio 29, 2010

Sara (o Por quién doblan las vuvuzelas)




Al principio del tiempo una mujer
como tantas nos trajo la desgracia
por pegársela a Adán ¡tamaña audacia!
con el diablo... pero eso pasó ayer.
Hoy los hechos parecen escoger
de nuevo la ruta de la falacia:

Eva ahora luce melena lacia
y figura digna de merecer
y unos ojos color mar de Sorolla
y un micrófono en vez de una manzana
y unos labios que intuyo como gasa.

No dejes que te den por la farfolla
los viejos tutores de la desgana
que al son que ganan años pierden grasa.
Que si algo te han de untar, pues hace ampolla,
a coro los mamuts con los bafana
es por querer tener más de una casa.





lunes, junio 14, 2010

Detrás del bache

Caminante no hay camino, 
se hace camino al andar
(A. Machado)


De tanto transitarlo, el pavimento
se te hizo repetido, como absurdo,
cansado de pisadas, casi burdo,
fatal para los pies en movimiento
que se hunden, trastabillan, se deslizan
erráticos, vencidos por el peso
crepuscular de un tiempo que, travieso,
te amarra a la SICAV donde cotizan
dios y diablo a la par, infierno y cielo
por un asfalto nuevo, un nuevo suelo.
De tanto transitar fango azabache
y sofocar por ley la rebeldía
se te hizo puro negro el nuevo día
al ver que no hay color detrás del bache.



miércoles, abril 21, 2010

Lento el fuego (para Selu, con desgana)

Por los clavos del Cristo del Talego,
por el amor de Ford resucitado,
que aunque pretenda siempre lento el fuego
su guiso empieza a oler a chamuscado.
Y no encuentra la fórmula precisa
(¿será que con la noche muere el día?)
para aliviar con versos tanta prisa.
No quiero que parezca grosería
recomendarle un chute de jarabe
de hostias sin consagrar y de alma en pena
y sangre derramada en vino suave,
luego un pico de inspiración en vena
y reposo absoluto, que ya sabe
que es ley para aguardar la cuarentena.



jueves, abril 15, 2010

Llueve que llueve

La química posible, el desconsuelo
de las nubes en lágrima endocrina,
el líquido cuajando en la hornacina
furiosa del altar de tu desvelo.

La piel vacilante en el abrazo
de los cuerpos, dos voces que son una,
el deseo asesino de la hambruna,
fuegos fatuos prendiendo el espinazo.

Rompe una flor, se agitan las mareas,
asiste el cielo al trueque de jaleas,
somos medias mentiras de ocho a nueve.

Luego te has de vestir sin echar cuenta
del zapato ni la hora, Cenicienta.
Nieva afuera, adentro llueve que llueve.



jueves, abril 08, 2010

Primavera (gira, gira, gira)

Si gira el mundo es porque tú lo mueves
a ritmo de mil soles por tercero,
quién fuese de ese tictac relojero,
quién caño en la fuente de la que bebes,
quién pájaro chogüí cuando te atreves
a acariciar con plumas el tintero,
quién Sabio de tus besos prisionero
cuando eres la madrastra y Blancanieves.

Si gira el mundo es porque cada noche
inventas la mañana venidera,
quién fuese, ay, tu primera luz del día
y tu postrer tiniebla del derroche,
quién fiel vocero de esta letanía:
si gira, gira, gira... ¡es primavera!





lunes, marzo 15, 2010

La calentura del celuloide IV: El beso eterno

Corría el año de gracia de 1946 cuando Sir Alfred Hitchcock firmó para la RKO, con la que el magnate del cine David O. Selznick había negociado el paquete Hitchcock/Bergman/Grant junto con un guión casi concluido por 800000 dólares más la mitad de los beneficios recaudados en taquilla, otra de sus obras maestras: Encadenados, un delicioso "drama romántico" (según la clasificación llevada a cabo por la Production Code Administration) y nada más (ni menos) que eso. No hay nidos de espías, ni agentes infiltrados del FBI, ni bombas atómicas, ni más veneno que el corroe por dentro a Cary Grant cuando siente que está perdiendo a la Bergman, ni otras fiebres de posguerra que el amor desesperado entre Devlin y Alicia, porque a Hitchcock le importaba medio gramo de uranio que el Mac Guffin de Notorious fuese más o menos creíble, que lo que se cocía en las lúgubres bodegas de Sebastian soportase mejor o peor el peso de una trama que para él no era más que el apasionado romance que habría querido mantener con Ingrid Bergman y ella le negó repetidamente.

No restándole otra opción que asumir el rol de voyeur, peeping Hitch 1 nos brinda en este film una prodigiosa secuencia, posiblemente una de las más eróticas y sensuales de la historia del cine, rodada en una sola toma, en la que Bergman y Grant se besan, se acarician, se susurran, se muerden, se electrizan, se hacen arrumacos, se poseen y se desean, todo al mismo tiempo. Tan sólo 50 años separaban el fugaz beso de May Irwin y John C. Rice del beso eterno entre Devlin y Alicia. Además de lamentar profundamente no ser él quien explorase los vericuetos de los labios de la actriz, el maestro hubo de asumir el desafío de burlar los controles de la terca censura de la época −aquí código Hitch llamando a Hays−, que no consentían que un beso en pantalla se exhibiese durante más de tres segundos. El director ganó la partida con creces. Ingrid Bergman lo rememoraba así en sus memorias:

Un beso sólo podía durar tres segundos. Nos besamos y hablamos, nos separamos y volvimos a besarnos. El teléfono medió entre nosotros y nos trasladamos al otro lado del aparato. Fue un beso que empezaba y concluía: los censores no tuvieron motivo para suprimir la escena, porque nunca nos besábamos más de tres segundos. Hacíamos otras cosas: nos mordisqueamos las orejas y besamos la mejilla, por lo cual pareció interminable y se convirtió en la sensación de Hollywood.

El antológico beso de Encadenados (que no es uno, sino muchos y bien salpimentados) acontece en la suit de un hotel de Río de Janeiro. Comienza en la terraza, donde la cámara alcanza a los amantes casi acariciándolos con un zoom diurno y alevoso mientras planifican los pormenores de la cena, para luego perseguirlos sin cortes hasta el interior de la habitación, observarlos en escorzo en tanto el cable del teléfono −símbolo último del trío que sólo pudo acontecer en la mente del cineasta− se enreda entre sus besos y finalmente despedirlos hasta la noche, momento en que desgraciadamente el pollo cocinado por Alicia no encontrará la receptividad convenida. Lo más significativo de la secuencia, dejando de lado su carga pasional, es que es siempre Ingrid la que lleva la iniciativa amatoria porque es ella la que se ha doblegado desde el principio a los encantos del galán, en cuyo interior compiten vehementemente la química salvaje que desata en él la sueca con una profesionalidad ineluctable.

Sin embargo, no fue el obstáculo del beso el único que el film tuvo que sortear en su periplo hacia las pantallas. El guión de Encadenados hubo de ser sometido a diversas revisiones por parte de los censores de la Oficina Breen, pues la presentación que en él se hacía del personaje de Alicia como una mujer promiscua y licenciosa atentaba directamente contra el espíritu moralizante del Código Hays. Tras la presentación de la primera versión completa del guión para obtener la licencia de castidad necesaria para la exhibición del film, la RKO recibió la siguiente respuesta:

De nuevo deseamos subrayar el hecho de que antes de que esta película pueda ser aprobada, será necesario modificar las insinuaciones todavía presentes en relación a que su protagonista principal es una mujer de hábitos sexuales relajados. Esta sensación se desprende no sólo por el hecho de que en el inicio del filme se sugiere que está viviendo con un hombre, sino por las numerosas acusaciones e imputaciones que, en tal sentido, le hacen un gran número de personas a lo largo del guión y que no son negadas [...]

Incluso así, después de que Ben Hetch hubiese reescrito varias de estas polémicas escenas, el montaje final de la película fue nuevamente censurado y la RKO obligada a suprimir algunas de las más provocadoras de la secuencia de la fiesta en el apartamento de Miami, en que aparentemente Alicia mostraba aún flecos de moral disipada y comportamientos sexuales implícitos que podían hacer zozobrar al sufrido espectador.

Tras Encadenados la adorable Ingrid acabó Atormentada con Hitchcock y después marchó a Italia a rodar (por la hierba) con Rossellini, de quien concibió una hija (la también actriz Isabella Rossellini) sin haberse casado, hecho este que le cerró definitivamente las puertas de un Hollywood retrógrado y puritano hasta extremos insospechados. Hitchcock, lejos de arrojar la toalla, encontró una nueva musa rubia en la angelical Grace Kelly, princesa futura de Mónaco y sempiterna de cualquier cuento de hadas... pero esa es otra historia (y no la última, pues aún después habría de torturar con pájaros voraces y demás chantajes emocionales a Tippi Hedren).

1.En inglés la palabra hitch es un sustantivo que significa problema, dificultad o contratiempo. Al adoptar sólo la primera mitad de su apellido, Hitchcock se despojó del cock, jerga inglesa para designar al pene. Realmente Hitchcock era una auténtica polla en apuros



viernes, marzo 12, 2010

El soneto matemático (parto inverso)

La vida es ir amaneciendo inmerso
en la luz del factor que la duplica,

así al 2 la chistera ratifica
como prócer de un largo parto inverso
que va multiplicando el universo:
ya a la fuente 4 va y 8 salpica.

La vida a cada paso reivindica
el pulso geométrico del verso
que crece, se desborda, se hace inmenso
guiándome hacia un vértigo infinito
de gente que nada en un mar de gente
tan rápido que, puesto a pensar, pienso
a menudo en recuperar el rito
de salir con 2π por la tangente.







miércoles, marzo 10, 2010

El soneto matemático (por Vicente Luis Mora)

Todos sabían que la vida es irse
por qué no lo entendí no lo comprendo
pero conforme luego fui creciendo
supuse que vivir es dividirse
como el ocho en el cuatro ha de partirse
y como el cuatro en dos se va escindiendo
como la calavera que riendo
se ha ido despojando del reírse.

La vida es dividirse y yo me siento
a cada día un poco menos vivo:
si me sustraen mitades las jornadas
multiplicando restas y los vientos

prosiguen sus labores de derribo
me iré partiendo hasta quedar en nada.




lunes, marzo 08, 2010

Un millón de razones (variaciones sobre una canción de N.)

Un millón de razones van sumando
las que tengo para huir hacia tu boca,
un millón para amarte es siempre poca
cantidad de razones avanzando.

Para ir al abordaje de tus labios
un millón de razones es recato
pues besan dulcemente de rebato,
habrálos más traidores, no más sabios.

Un millón, ingeridas sin receta
las razones apuntan la salida
sin desespero ni gastando flema.
Un millón de razones en brocheta
no caben, mala sombra, en un poema
así que escribiré toda la vida.







miércoles, marzo 03, 2010

Estrella errante

Nací en Tauro esquina con Ganimedes
al norte de la eclíptica de Marte,
en una luna reservada al arte
telúrico que enluta las paredes.

Nací de una tormenta de centellas
y de un chaparrón de meteoritos,
cuenta el anciano Orión que oyó los gritos
a un siglo luz y que temió por ellas.

Nací el año astral en que la tormenta
perfecta se vistió de imperfecciones
para la ocasión, soltera y elegante,
un día plomizo entre estaciones
en el amanecer de los setenta.
Nací al amparo de una estrella errante.


viernes, febrero 19, 2010

La calentura del celuloide III: Rosebud

La enigmática palabreja anglosajona rosebud (pimpollo, según traducción literal del inglés) redirige presto ese inquietante y traicionero mecanismo que es la memoria hacia el modélico Ciudadano Kane de Welles y su pleonástica secuencia final en que los juguetes de la infancia del protagonista, aquella bola de cristal con motivo navideño semioculto por la nieve y un desvencijado trineo calado de polvo y recuerdo hasta los renos, se convierten en pasto alegre de las llamas. No descubro nada al decir que el todopoderoso Charles Foster Kane, al contemplarse ante el avinagrado espejo de su vanidad y proyectar sobre el azogue su obsesión por el pasado, reconoce sin dificultad en el milagro de la luz al magnate de la prensa y la radiocomunicación norteamericana William Randolph Hearst, aquel que tantas bocas tuviese que alimentar o silenciar para proteger su imagen tras verse salpicado, junto a otros nombres importantes del cine como Daniel Carson (jefe de producción de Hearst) o Charles Chaplin, por el misterioso deceso el 16 de noviembre de 1924 del prometedor productor y realizador Thomas Ince en el transcurso de una fiesta de cumpleaños a bordo de Oneida, el yate privado del jerarca. Sepan los más curiosos y/o morbosos que en 2001 el más cinéfilo de los cineastas (con permiso de nuestro Garci y de los enfants terribles de la Nouvelle Vague), Peter Bogdanovich, recreó esta historia para la pantalla de plata bajo el título
The cat's meow, con Edward Herrmann encarnando al omnímodo multimillonario. Pues bien, por aquel entonces Hearst andaba enrollado con la (siempre aspirante a) actriz Marion Davies, 34 años menor que él, de quien cuenta la leyenda que antes de entregarse al alcohol se entregó también a Chaplin, lo que lógicamente complica aún más el funesto episodio del festejo en la embarcación, sobre el que se llegó a especular que la muerte de Ince no fue más que un ridículo accidente en tanto que la bala ejecutora llevaba escrito con letras mayúsculas y grafía hearstiana el nombre del genio sin par del bombín, el bastón y el falso mostacho.

A lo que voy: lo que sí pudiera resultar un descubrimiento para el lector que haya atesorado la paciencia suficiente para llegar hasta aquí es la ligereza de (cascos y) tacto de la Davies, de quien también cuenta la leyenda que en una de esas prolíficas y desmesuradas fiestas en San Simeón, el castillo en el Pacífico californiano con 111 dependencias y una piscina de agua de mar de 33 metros de longitud que compartía con el magnate, se fue de la lengua entre tartamudeos 1 y confesó en petit comité (en defensa de la actriz he de decir que eso es lo que uno siempre cree y luego resulta que no hay comité pequeño), vaya usted a saber cuántos litros de alcohol regaban ya sus intestinos, que rosebud era el término que Hearst acuñó para referirse cariñosamente al sexo de su guayabo, algo así como el coñito de Miss Davies pero en versión poético-finolis: el brote tierno que aún no ha despuntado en flor de mayo. Como decía antes ningún comité es suficientemente pequeño y menos aún cuando uno de los nombres asiduos a aquellas galas era el de Louella Parsons, la lengua más viperina de la prensa amarillista norteamericana a ese lado del río Pecos. Es así como el rosebud de Marion debió pasar de boca en boca (con las debidas disculpas a su excelencia Hearst por la expresión) hasta llegar de labios de Herman Mankiewicz a oídos de Welles, maestro artificiero de la pirotecnia estilística y artífice de la magia de salón, quien con inusitada mala leche aún no superada en toda la historia del cine (salvo quizá por algunos pespuntes de Wilder, de nuestro Berlanga y el emblemático usted haga zig, que yo haré zag de Michael Caine cuando en el ocaso de Comando en el Mar de China ha de atravesar junto con Cliff Robertson el inmenso maizal, con los japos apuntándoles al culo con toda su artillería pesada, que los separa de las tropas aliadas) lo filmó consumiéndose entre llamas al mismo tiempo que Kane/Hearst agonizaba y además se recreó en sus chispeantes cenizas, al modo de un rezo al estilo napoleónico desde el que parece escucharse: desde las más ardientes piras del deseo, 30 años de historia os contemplan. Y ante tan metafórica y conmovedora estampa, Kane exhaló su penúltimo suspiro: Rosebud. Ofendido y desprestigiado hasta el arrebato, la noche del estreno de Ciudadano Kane Hearst negoció la perversa presencia de un fotógrafo y una menor desnuda en la habitación de hotel que ocupaba Welles para cubrir de basura al cineasta, si bien alguien descubrió el pastel podrido a tiempo y dio la voz de alarma al director. Así se juega, se vive y se muere en la Hollywood league.

1. Marion Davies era tartamuda, hecho este que dificultaba aún más su carrera como actriz y la dejaba en la estacada con la llegada del sonoro. No es de extrañar que buscase la protección y el mecenazgo de un tipo tan poderoso como Hearst

martes, febrero 16, 2010

Languidece la vida

Languidece la vida rescatando
congojas del anzuelo del olvido,
evadiendo los impuestos del descuido
y hurgando en costales rotos, hurgando.
Como huye el preso de la fortaleza
se va la vida en horas de oficina
con sus alas llenas de gasolina
volando de los pies a la cabeza.
Y no reparamos en su estrategia
de retirada y huérfanos nos deja
de empresa y mientras va vaciando el plato
cual necios la piel se nos despelleja,
que puesta la corona en testa regia
dos piernas ha el ratón y tres el gato.

lunes, febrero 15, 2010

Gongorina erótica

En el cristal de tu divina mano
un diamante ingeniosamente
corra, que necesaria es su corriente
sabiendo que halla ya paso más llano.
Oro bruñido al sol relumbra en vano
no a mi ambición contrario tan luciente
dará flores, y vos gloriosamente
de rayos negros, serafín humano,
gracias os quiero dar sin cumplimiento.
Fiebre, pues, tantas veces repetida
la beldad desta Octava Maravilla
ciñendo el tronco, honrando el instrumento,
qué prudencia del polvo prevenida
que en mi rincón me espera una morcilla.



miércoles, febrero 10, 2010

La calentura del celuloide II: Entre las piernas

Sin titubeo, el más popular de los cruces de piernas que el cine nos ha legado es el de Sharon Stone en el rol de Catherine Tramell, aquella enigmática y ambigua escritora de novelas de misterio que, a las órdenes de Paul Verhoeven en Instinto básico, hizo saltar con alevosía las alarmas anti-incendio de la comisaría en que estaba siendo interrogada, sin pestañear ni mostrar el mínimo síntoma de balbuceo, sin siquiera prevenir a los presentes por si alguno padeciese del corazón o de la bragueta, quebrando albores envuelta en un blanco virginal de combate, al deslizar suavemente hacia el suelo la pierna que monta y montar con armoniosa cadencia la que apoyaba en el suelo, exhibiendo impúdicamente durante los breves instantes de la ejecución, que se han congelado y hecho eternos en la memoria más húmeda del cine, el alambique que destila la gelatina de su deseo, mitad caja de Pandora mitad aljaba de las venenosas flechas de Cupido.


Que yo he de preferir, por la elegancia del ágil movimiento en aquel maravilloso verde tecnicolor y por las piernas ligeras e infinitas que lo hicieron posible, otro cruce que se anticipó al anterior en cuatro décadas. Se trata de uno de los múltiples momentos antológicos de Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen-Gene Kelly, 1952), cuando el conocido actor de la era muda del cine Don Lockwood (Gene Kelly) narra al productor en jefe de Monumental Pictures (Millard Mitchell) su revolucionaria idea para el número moderno del talkie musical The dancing cavalier: el protagonista llega a Nueva York dispuesto a triunfar bailando, con su maleta repleta de sueños y el lema Gotta dance (uno de los espectáculos musicales mejor filmados de la historia entera del cine) grabado a fuego en el corazón. Tras varias pruebas infructuosas y demasiadas puertas cerradas ante las narices, un agente que confía en su prometedor talento lo introduce en los ambientes sórdidos de un primoroso Broadway de cartón piedra con matices expresionistas. Allí está Lockwood/Kelly haciendo de la danza poesía y virtud cuando súbitamente, como por inopinado arte de birlibirloque, el vuelo de la cámara se detiene en una pierna descubierta y sin fin que se despliega en perfecto ángulo recto con el tronco, de la que pende el sombrero del bailarín. Lentamente el plano se abre para descubrinos a la chica del gánster, ingrávida Cyd Charisse, la de las piernas perfectas y largas como un delicioso infinito de carne que sentenciase Cabrera Infante, sentada sobre una silla roja, la pierna buscando ahora el cenit de la vertical y luego el cruce vertiginoso, estilizado, a tempo, instalado a perpetuidad en la memoria cinematográfica del siglo XX. El resto es pura magia de salón al ritmo del mejor cine musical americano.


viernes, febrero 05, 2010

Más cine, por favor


Donde el cerebro al ojo revalida
en el milagro de la persistencia
y huyendo de los trucos de la ciencia
los sueños se parecen a la vida.


miércoles, febrero 03, 2010

Guárdame

Guarda para mí la geometría
que empieza donde acaba tu cintura,
el viaje al centro de tu calentura,
la noche que claudica con el día,
guárdame el enredijo que te lía
a la polaridad de mi impostura,
la llave en curso de tu celda oscura,
la carne en que habita tu poesía,
guárdame los secretos de tu alcoba,
la suerte de la palma de tu mano,
la luz de tu penúltima sonrisa,
el eco formidable de tu trova
y un billete contigo para Urano
a la vuelta del vino de esta misa.


lunes, enero 25, 2010

Para Jean, R.I.P.

He apagado la luz de la farola
para inventar a ciegas tus pupilas,
he convocado al universo a filas,
he cargado con besos la pistola.

He dispuesto en tu boca las legiones
de flores en la noche más oscura,
he remontado al bies cada costura
de tu piel y he encallado en los jirones.

Y he envuelto tu nombre en seda fina
y he levantado altares del derribo
con tu busto enamorando al cincel
y he muerto contigo en cualquier esquina.

Anoche te esperé en cada adjetivo
que huía de la Musa hacia el papel.





viernes, enero 15, 2010

Brindis VI (Contigo)

Contigo brindo por cada
beso que atrapó mi boca
y por el beso que toca
tras el beso, que a mí nada
me dice más que tu beso
y ese capricho goloso
de tu sonrisa en reposo
fugitiva de su peso.
Contigo brindo a la espera
de un descuido de provecho
para robar la cartera
del hervidero en barbecho
que, al llegar la primavera,
son tus besos y es tu pecho.



miércoles, enero 13, 2010

Ayer

Cinexin, Montaplex, Juegos Reunidos,
las chapas, Tente, los sobres sorpresa,
Mazinger Z, los Sugus de fresa,
balones, coches teledirigidos,
la GAC, los Rotring, la guitarra,
Scalextric, canicas, escopetas,
Geypermanes, chicles de dos pesetas,
Clicks, vaqueros Comansi, mi pizarra,
la carta a los Reyes, magia Borrás,
el tren eléctrico, la diligencia,
los Don Miki, mi retrato con Pluto,
¿qué hacer si el viento hoy sopla para atrás?
Cuán veloz mata el tiempo a la inocencia
a cuarenta aventuras por minuto.



miércoles, diciembre 16, 2009

Din don dan

Din don dan, las campanas del Congreso
ufanas tañen sonidos divinos
cuando las lanza al vuelo Moratinos
en fiera lucha contra el sobrepeso.
Ya va naciendo el Niño en un escaño,
la santísima Trini asiste el parto
y Zapatero al borde del infarto
sin mojarse le da su primer baño.
Va Pajín afinando la zambomba,
ya al hemiciclo acuden los pastores,
ya Carme amonesta a los desertores,
ya sobre los leones nieva en tromba
y Bono al cielo mira agradecido
y Bibi se hace miembra del cortejo
y entonan las urracas villancicos
con derechos de autor desconocido
y (los) Ángeles calla(n) por consejo
de Ramoncín, que ahora es cosa de ricos
cantar coplas de otros, y allá en el nido
Emmanuel se retuerce ante este espejo
y al fin mi pesadilla se hace añicos.




lunes, diciembre 14, 2009

Dedicado

I

A los gánsters del sueño americano
que hicieron botellón con la Ley Seca,
a las pin-ups con cara de muñeca,
a las primas fulanas de mengano,
al tipo duro de la gabardina,
a la orden secular del buen pecado,
a Custer (de pie) y a Toro Sentado,
a Irma aireando el bolso en una esquina,
al pirata de mares imposibles,
a la grúa que urdió bajo la lluvia
el coito del paraguas y el sombrero,
a los Nevski y a los Ivanes terribles,
a la Venus que fue mujer y rubia...

dedicado en escorzo y cuerpo entero.

II

A los poetas malditos del robo
de guante blanco y mano renegrida,
a los muertos que viven otra vida,
al río Rojo, Grande, Bravo y Lobo,
a los cuatreros, los espadachines,
la carga de la brigada ligera,
a las niñas que emulan a la fiera,
a los niños que sueñan con Chaplines,
a Vienna, Shane, Pimpinela Escarlata,
Johnny Guitar, Gilda, Ethan, el Padrino,
Laura, Rick, el Zorro, el Portugués,
el capitán Manuel, el gol que empata,
Robin Hood, Tarzán, Kaplan, Marcelino,

dedicado: escena uno, toma tres.



lunes, noviembre 30, 2009

Ahora

Ahora que nos llueve previo pago
y Mata Hari hermana con Obama,
que escondemos el sol bajo la cama
y nos chupan la sangre en medio trago,
que sostienen por ley el desempleo,
que nos suenan los mocos con promesas,
que el príncipe no baila con princesas
y Eurídice no folla con Orfeo,
que a hostias se abren paso los del clero,
que infinitos seguimos siendo pocos
y una gran multitud congrega el cero,
ahora que hacen pellas mis sofocos
y tengo en el zapato un agujero,
me pregunto: ¿es que estamos todos locos?














martes, noviembre 17, 2009

Un grito en el suelo

Por robarte un pensamiento
para pensarlo contigo
me multa sin más testigo
de cargo el ayuntamiento.
Por robar la luna llena
para lucirla en tu escote
me va persiguiendo al trote
un canto azul de sirena.
Por quererte en los portales,
los parques y los jardines
me huelen los calcetines
a inciensos municipales.
Por trepar a tu ventana
para cantarte boleros
me mandan a los bomberos
y a la autoridad urbana.
Ya que entiendo que la vía
pública es una perrera
salgo siempre con chequera
para atender con oficio
esos gajes del servicio
de la santa policía.


martes, noviembre 03, 2009

Tocayo (R.I.P.)

Una butaca en la primera fila
te aguarda, donde risas son amores,
con Fernán Gómez, Pepe Isbert y Gila
en la gloria black and white de los actores.

Escabulléndote entre bambalinas
sin previo aviso y a traición te has ido,
yo que te hice un altar en mis retinas
tocayo mío de nombre y apellido.




miércoles, octubre 28, 2009

La calentura del celuloide I: El beso fugaz

Al principio era la Luz y la Luz estaba en Edison y la Luz era Edison. Y no estoy refiriéndome a la bombilla, hija primogénita del mago de Menlo Park, sino a su hermana de sangre la Luz del Cinematógrafo. Hablo de los últimos años del siglo XIX cuando, en pañales, el cine no era más que unos obreros saliendo de la fábrica en que trabajaban o un tren que producía la sensación de haber rebasado la pantalla para llegar a su estación de destino o un jardinero que por accidente instaura la comedia al regarse sin oficio ni beneficio. 28 de diciembre de 1895. Los Lumière organizan la primera exhibición pública de cine en el Salon Indien del Gran Café de París dando el pistoletazo de salida a una carrera cuyos protagonistas apenas han virado en la primera curva del circuito. Pura evasión. Entretenimiento a raudales. Cine para todas las filosofías, edades y doctrinas. Grover Cleveland presidía entonces la nación que vio cómo súbitamente sus sueños tomaban forma de juegos de luces y sombras accionados por el interruptor de la fantasía. Comenzaron a frecuentarse los programas de actos de las casas de vaudeville, más tarde vinieron los nickelodeones y en un plazo de escasos años comenzaron a proliferar por el mundo entero las salas de proyección. 21 de julio de 1896, apenas siete meses después del debut oficial del cine. Thomas Edison y William Heise sitúan a los actores de teatro May Irwin y John C. Rice frente a una cámara y simplemente les exhortan a besarse. ¿Simplemente? Primera vez que una pareja delinque mostrándose en pantalla en actitud sospechosamente cariñosa, vapuleando las estrictas convicciones morales de una sociedad en extremo puritana e hipócrita. El escándalo estaba servido para millones de comensales. El experimento dura escasos veinte segundos, los suficientes para hacer rechinar los dientes del espectador de la época que presenciaba cómo los rostros de May y John se iban acercando progresivamente hasta sellar ridículamente sus labios como habían hecho ya antes sobre los escenarios de Broadway en la escena final de la exitosa obra de John McNally "The widow Jones". El experimento es breve mas perdura en la retina y en el cerebro. Esto ya no eran obreros ociosos ni regadores regados ni pasajeros en la estación. Lo cierto es que algo que hoy nos parecería irrisorio hace más de cien años escandalizó a la opinión pública norteamericana, primer gancho de izquierda que propinaba a sus feligreses la máquina de las fantasías a un palmo. Intentemos hacer una reconstrucción esquemática de los hechos y un retrato robot de los infractores: "The kiss". Plano medio corto de la pareja de maduros protagonista, ninguno de ellos demasiado agraciado físicamente, ella a la izquierda y él a la derecha, ella ligeramente reclinada sobre él, él que aproxima su cabeza y comienza a besuquear la comisura de la boca de ella que escora por la mejilla izquierda, todo ello sin dejar de hablar (¿qué le dirá que tanto le divierte?), ella que le replica y lo escruta de reojo con insolente picardía, él que continúa besándola, ellos que ríen para que a nadie le quepa pensar que no están disfrutando alevosamente del momento, luego él que se retira haciendo algunos aspavientos con las manos, por dos veces se atusa el bigote y le estampa el beso final como haciendo caer sobre ella toda su artillería pesada. El plano medio corto del principio no ha cambiado con la acción. Fin. Veinte segundos que no consiguieron soportar la represión de la Era Victoriana pero sí el paso inexorable del tiempo, inaugurando mutatis mutandis la esclusa que condujo la nave del celuloide al reino de las miserias y las pasiones. Y la nave va.

jueves, octubre 15, 2009

Malditos bastardos

Trajes a medida, pagos tizón,
impuestos que alzan la mirada al cielo,
latrocinios de estado, huelgas de celo,
flamantes corruptelas de salón,
filesas, gales, gürtels, yaks, ... memoria
de un país de buitres y bandoleros,
carroñas de museo y muchos ceros
a la hucha de estos hijos de la gloria.
Con vosotros, queridos chupatintas
electos, eso sí, como dios manda
en el catecismo de los mangantes,
de hedor vienen las mañanas encintas,
sois carne de Tarantino que ya anda
buscando (ídem título) figurantes.






lunes, octubre 05, 2009

¿Adónde voy? II

A Roma con Audrey de vacaciones
a Melmac huyendo del temporal
con Henry a hacer volar OK Corral
a Sherwood a robar a los ladrones
al fondo de una caja con Pandora
a Neverland en coche de caballos
a negarme no más canten los gallos
en Bugatti a correr con Isadora
a la isla del tesoro en patinete
con Kelly a hacer manitas al granero
a Oriente por si queda algún juguete
a cantar "singin' bajo el aguacero"
a escaparme contigo en un cohete
hasta que dos y dos prescriban cero.

jueves, octubre 01, 2009

Corazonada

Sobrado de Esperanza y Gallardía
mas cauto por cuestiones del enjuague
con un ojo mirando a Copenhague
mi seso desbarata la alegría,
que hablando el corazón no tengo duda
de que un chulapo portará la llama
mal que a Lula le pese como a Obama
(para eso están los libros de autoayuda).
Mas manda la razón con fiera espada
sobre la voluntad del albedrío
que no encuentre en Madrid cama el destino
(ni en Tokio ni en Chicago, hilando fino).
Ya callo y pienso mientras te sonRío:
yo también tengo una corazonada.






miércoles, septiembre 30, 2009

Atrevimientos III: Soneto a la Libertad de Oscar Wilde

No es que a tus hijos, de pupilas lacias
que apenas su congoja admiten ver
y mentes que prefieren no saber,
yo ame -es que el rugir de tus Democracias,
tus reinos del Terror, tus Anarquías
cual mar reflejan mi animosidad
y a mi ira un hermano dan- ¡Libertad!
sólo así tus dísonas melodías
llorando alegran mi alma, ya los jueces
todos, a mal de látigo y andanadas
robasen a los pueblos sus derechos
que no me inmute -y a pesar de los hechos,
los Cristos muriendo en las barricadas
sabe Dios que estoy con ellos, a veces.



lunes, septiembre 28, 2009

Atrevimientos II: Soneto a la Ciencia de Edgar A. Poe

Ciencia, hija nata del Tiempo, profeta
que al cabo de tus ojos todo alteras
¿por qué arrancas el alma del poeta
cual buitre de alas torpes mas certeras?
¿Cómo amarte o cómo juzgarte sabia
quien presa tuya en su deambular
ni con terca ala alzándose en su rabia
puede el tesoro del cielo atrapar?
¿No hurtaste del carro a Diana y con ella
del bosque a la Hamadríade raptaste
en pos de mayor gozo en una estrella
y de la riada a la Náyade echaste,
de la yerba al Elfo y a mí del lindo
ensueño estival bajo el tamarindo?



domingo, septiembre 20, 2009

Atrevimientos I: Soneto 128 de W. Shakespeare

Mi música, que música ejecutas
vibrando en la madera hacia el sonido,
dulces dedos que urdiendo van las rutas
del vivo acorde que unces a mi oído.

La tecla envidio, que urge con su vuelo
besar la tierna palma de tu mano,
cosecha de unos labios en desvelo
opuestos a la audaz madera en vano.

Trocarían por ser acariciados
su condición por la de esas astillas
que tus dedos recorren extasiados
brindando a la madera maravillas.

Pues tu dedo es de la tecla embeleso
quédeselo, que yo me quedo el beso.



jueves, septiembre 17, 2009

Macarena

Dueña de los infinitos que ignoro
rebelde aprendiz de polvorilla
llama viva ardiendo en la cerilla
mapamundi del cofre del tesoro
empresa subsidiaria del decoro
antídoto contra la pesadilla
a veces bruja, siempre maravilla
secuaz de las lágrimas que no lloro
aroma inaugural de primavera
corazón tan inmenso que lastima
velero que navega a full speed
tan cuerda como una regadera
tan menuda, tan rizos, tan encima
de una nube del cielo de Madrid.

viernes, septiembre 04, 2009

La salida

Entre la tierra que piso
y el rayo que me alimenta
(aunque eficaz, impreciso)
hay un cielo que improviso
entre tormenta y tormenta.

Entre el suelo que cultivo
y la sima del olvido
hay un erebo cautivo
(aunque impreciso, lesivo)
mal de malo conocido.

Entre el erebo y el cielo,
ajustada a la medida
de mi corazón en celo,
una sombra de canguelo
me acompaña a la salida.

miércoles, septiembre 02, 2009

La vuelta

La vuelta de la playa al parvulario
me deja estrés mezclado con calor
exijo pues un frío redentor
de los que congelan hasta el salario.

Ya asoman mis terrores inconfesos
por un resquicio gris del protocolo
ministerial, ni encerrándome solo
me haréis apostatar del plan de besos.

Aquí me tenéis, preparando el CV
por si en la cara oculta de la luna
consigo una vacante en una nube.
Ahora os dejo, que aunque prisa no hay ninguna
me han dicho que accediendo por YouTube
consigues bonos para la vacuna.

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