Como dilucidar la conjetura
que urge vida a la vuelta de la vida,
como alentar el ímpetu suicida
que me hace apostatar de la locura
y hundir la llaga de mi calentura
en aguas de la tierra prometida,
como entrar con buen pie por la salida,
como peinarme a trenzas la tonsura,
como lanzar al aire una moneda
con cruz de mayo y con cara de amigo,
rendir al cielo las lanzas en Breda,
jurar bandera a un palmo de tu ombligo,
zarpar con el pirata de Espronceda
rumbo a otro mar, así es estar contigo.
jueves, marzo 17, 2011
jueves, febrero 17, 2011
La calentura del celuloide VI: Más hielo
Kathleen Turner hizo su debut en el cine en 1981 encarnando a la irresistible femme fatal de una compleja urdimbre de obscenidades, engaños, chantajes, explosiones, infidelidades, suplantaciones y muertes orquestada (libreto incluido) por Lawrence Kasdan que se tituló Fuego en el cuerpo. El lector que conozca el film no se sorprenderá en absoluto por su título, poética traducción de Body heat, pues ya habrá experimentado en su pellejo el sudor acumulado de mil húmedos veranos, arritmias de lata fría de cerveza y ventilador, camisas con cerco en los sobacos y la espalda y palmitos pegajosos en apenas dos horas de metraje. Es esta la película en que Miss Turner, provocadora y sexual como nunca antes ni después, se hizo carne y acampó entre nosotros y se quedó para siempre en el recuerdo colectivo de los que nos hicimos mayores de edad en los gloriosos ochenta. También es esta la película en que Miss Turner se acomoda en un rodal de la alargada sombra que habían proyectado anteriormente las peligrosísimas Barbara Stanwyck y otra Turner rubia, Lana sin esquilar de la mejor oveja, sexo en estado de gracia (o desgracia en el caso de sus partenaires) en Perdición (desde entonces Barbara Stanwyck solo significó el sexo en el cine, diría Cabrera Infante, el Cain que no fue James) y El cartero siempre llama dos veces, respectivamente. Porque Fuego en el cuerpo es Cain (este sí es James) sin tapujos, con addendum de erótica noir y calor tropical que incontestablemente alagan el cuerpo entero de los protagonistas y el sur del ombligo de los espectadores: Deberías vestirte de otro modo, exhorta William Hurt a la Turner. Es una blusa y una falda, no es nada del otro mundo, replica ella. O quizás no tener ese cuerpo, sentencia finalmente el ingenuo abogado floridense interpretado por Hurt, que sucumbió por KO técnico en el primer asalto a los favores de la buscona. ¿Y quién no?
Hecho el deseo prisa y prisión, el ejercicio de seducción que plantea la primera parte del film es un elogio a la descubierta de la palabra, un verdadero duelo verbal en la cumbre entre los futuros amantes: Le hablaría de mis campanitas −dice ella aun a riesgo de que nuestras babas salpiquen su descarada presencia−. ¿Qué les pasa? En ese momento la tensión sexual es equiparable a la altura del mercurio que se adivina en la taberna de Pinehaven. Con el viento se mueven... y yo me lanzo a la terraza en busca de la brisa fresca. Y el termómetro y las braguetas acaban por restallar cuando ella dispara: Con el ajetreo me sube la temperatura a cien. Nada grave. Será cosa del motor. Él aguanta estoicamente la andanada: Precisarás una puesta a punto. Pero la suerte ya está echada: Y naturalmente tú tienes la herramienta justa. Puro sexo oral.
Y tras este prefacio literario que disparó todas las alertas, ahora sí el sexo carnal. Casi treinta años han transcurrido desde que Kathleen Turner fundase con Body heat el hot club de vamps del cine moderno. Tras ella varios nombres más han adquirido los derechos que otorgan una tarjeta de socio en tan distinguida organización, de entre los que pueblan los más húmedos rincones de mi memoria Theresa Russell por El caso de la viuda negra, Sharon Stone por Instinto básico o, más recientemente, una exuberante Elisabeth Shue de rompe y rasga con ligero toque Marilyn en Palmetto, así como la espléndida y esplendorosa madurez que Marisa Tomei luce en la última pieza del engranaje Lumet Antes que el diablo sepa que has muerto. Pero tú serás, Kathy, siempre la primera, y doquiera que estés en cualquier rincón plácido del Caribe sorbiendo daikiris lo que hoy escribo es un soplo de brisa para ti (y para que nunca muera en mi recuerdo el perverso titilar de tus chimes).
No es hora de hacer inventario.
Más hielo.
Me quemo por dentro.
Hecho el deseo prisa y prisión, el ejercicio de seducción que plantea la primera parte del film es un elogio a la descubierta de la palabra, un verdadero duelo verbal en la cumbre entre los futuros amantes: Le hablaría de mis campanitas −dice ella aun a riesgo de que nuestras babas salpiquen su descarada presencia−. ¿Qué les pasa? En ese momento la tensión sexual es equiparable a la altura del mercurio que se adivina en la taberna de Pinehaven. Con el viento se mueven... y yo me lanzo a la terraza en busca de la brisa fresca. Y el termómetro y las braguetas acaban por restallar cuando ella dispara: Con el ajetreo me sube la temperatura a cien. Nada grave. Será cosa del motor. Él aguanta estoicamente la andanada: Precisarás una puesta a punto. Pero la suerte ya está echada: Y naturalmente tú tienes la herramienta justa. Puro sexo oral.
Y tras este prefacio literario que disparó todas las alertas, ahora sí el sexo carnal. Casi treinta años han transcurrido desde que Kathleen Turner fundase con Body heat el hot club de vamps del cine moderno. Tras ella varios nombres más han adquirido los derechos que otorgan una tarjeta de socio en tan distinguida organización, de entre los que pueblan los más húmedos rincones de mi memoria Theresa Russell por El caso de la viuda negra, Sharon Stone por Instinto básico o, más recientemente, una exuberante Elisabeth Shue de rompe y rasga con ligero toque Marilyn en Palmetto, así como la espléndida y esplendorosa madurez que Marisa Tomei luce en la última pieza del engranaje Lumet Antes que el diablo sepa que has muerto. Pero tú serás, Kathy, siempre la primera, y doquiera que estés en cualquier rincón plácido del Caribe sorbiendo daikiris lo que hoy escribo es un soplo de brisa para ti (y para que nunca muera en mi recuerdo el perverso titilar de tus chimes).
No es hora de hacer inventario.
Más hielo.
Me quemo por dentro.
miércoles, febrero 16, 2011
Desde Málaga con amor
Hoy no escribo yo. Hoy es el corazón de Inma la Dulce el que derrama tinta en tecnicolor desde el recuerdo en blanco y negro del año que vivimos peligrosamente en la ciudad más bonita del mundo. Gracias, boquerona, por ayudarme a cuadrar el celuloide. Ya me voy, que vienen los indios
martes, febrero 01, 2011
Chotis del metro
I
El cielo es un tejado de uralita,
la luna una lucerna en el andén,
la suerte compra en Doña Manolita
boleto por no equivocar el tren.
La prisa llega tarde a nuestra cita
con Belcebú en la Plaza del Edén,
en un banco la zorra de Adelita
se da el lote con otro niño bien.
Tú me pintas la cara de urbanita,
yo me dejo mecer por el vaivén
de un vagón que a la noche regurgita
mañanas de café y Espidifén,
tú deshojas en Sol la margarita,
yo en fa acudo cuando me dices ven.
II
El tiempo es un mejunje de farlopa
dormido en la nariz de la rutina,
la vida una escalera y una tropa
de zombis encumbrando la oficina.
Y un caballo de hierro que galopa
por vía intravenosa, medicina
venial contra el atascadero, sopa
boba de los flacos, lluvia endocrina.
Allá donde el mar cabe en una copa
de aceite reciclado de aspirina
afana porvenir la mano zopa
de un chulo balandrón de La Latina
y ya hurga por debajo de la ropa
de Adelita el chulapo de la esquina.
El cielo es un tejado de uralita,
la luna una lucerna en el andén,
la suerte compra en Doña Manolita
boleto por no equivocar el tren.
La prisa llega tarde a nuestra cita
con Belcebú en la Plaza del Edén,
en un banco la zorra de Adelita
se da el lote con otro niño bien.
Tú me pintas la cara de urbanita,
yo me dejo mecer por el vaivén
de un vagón que a la noche regurgita
mañanas de café y Espidifén,
tú deshojas en Sol la margarita,
yo en fa acudo cuando me dices ven.
II
El tiempo es un mejunje de farlopa
dormido en la nariz de la rutina,
la vida una escalera y una tropa
de zombis encumbrando la oficina.
Y un caballo de hierro que galopa
por vía intravenosa, medicina
venial contra el atascadero, sopa
boba de los flacos, lluvia endocrina.
Allá donde el mar cabe en una copa
de aceite reciclado de aspirina
afana porvenir la mano zopa
de un chulo balandrón de La Latina
y ya hurga por debajo de la ropa
de Adelita el chulapo de la esquina.
sábado, noviembre 27, 2010
domingo, octubre 03, 2010
La calentura del celuloide V: Una póliza a (casi) todo riesgo
El plan, señor Robinson, era tan brillante como la mirada a media luz de la dama que me embaucó. Créame: estaba exento del menor atisbo de fracaso. Habíamos calculado con obsesiva precisión de relojero suizo hasta el más nimio de los detalles. Empero aquí me tiene al alba maltrecho, agraviado y tembloroso grabando mi confesión para los anales policiales del FBI. Y es que sucede a menudo a los flacos de bragueta que la Perdición (Billy Wilder, 1944) nos sorprende con los anticuerpos en huelga de guardia y nos embriaga el cerebro con turbias fragancias de mujer, perfumes sulfúreos de modernas Evas que mondan y ofrecen con una sonrisa irresistible la fruta del pecado para esconder luego la mano que portó el cuchillo. El mío llevaba escrito Barbara en el marbete: Barbara Stanwyck, para más señas del fabricante. Marca degolladero. Made in hell.
Como le decía, señor Robinson, el plan no conocía fisuras (y con esto no pretendo subestimar en modo alguno sus más que probadas dotes detectivescas). Mas sucede que no hay trama infalible, usted lo sabe bien... No puede llegar a imaginarse las cumbres que un hombre estaría dispuesto a escalar por conseguir el favor sexual de una hembra como ella. Si me permite un consejo guárdese, señor Robinson, de anhelar apetitosas carnes que esconden en su interior anzuelos fatales de esos que arruinan a uno la vida al primer mordisco. Lo que quiero decirle es que, si mi olfato no vuelve a traicionarme, yo en su lugar pondría tierra de por medio con esa tal señorita Bennett antes de que sea demasiado tarde y no haya lugar al antídoto para la dosis de Perversidad inoculada.
Recuerdo sin sonrojo la primera vez que vi a la señora Stanwyck; aquella fatídica y calurosa mañana californiana de finales de mayo en que llamé a su puerta para negociar la renovación de una póliza de seguros de automóvil con su marido, quien dicho sea de paso se encontraba ausente. Ella se me ofreció a la vista desde el piso de arriba, en ese espacio dormido donde la escalera deja paso a un escaparate de ponzoñas de ocasión, interrumpiendo su baño de sol y envuelta en una toalla blanca que venía a abandonar el lienzo apenas un par de centímetros por debajo de sus rodillas. Arrebatadora en su insolente lozanía me instó a esperarla a que se vistiera. Al cabo de unos minutos escuché un redoble cadencioso de tacones golpeando la madera de los peldaños y ella, como una milagrosa aparición, emergió de la luz al cabo de una turbadora panorámica de abajo arriba con una pulsera decorando su tobillo izquierdo (¿ha visto alguna vez algo semejante?), abrochándose con demora los botones del vestido, y se pintó los labios de carmín intenso ante un tipo aún risueño que se parecía demasiado a mí; un tipo atrapado por el estupor frente al espejo en que ella plantaba cara a su peligroso reflejo. A esas alturas yo ya casi había olvidado lo que fui a hacer a aquella idílica mansión. Luego nos sentamos y ella cruzó y descruzó y volvió a cruzar sus piernas, descubiertas y extendidas, y me dijo su nombre; y yo, que ya iba a noventa por las carreteras de un estado en que la velocidad máxima permitida es cuarenta y cinco, recibí una amonestación con aroma de madreselvas que sólo me permitía pensar en mi cita con ella al día siguiente, a pesar de que a buen seguro en esta ocasión estaría presente el señor Dietrichson: su desdichado marido.
Empieza a entender ¿verdad, señor Robinson? El resto ya lo conoce: ella, que no era novata en el arte del crimen, soñaba con el asesinato de los cien mil dólares de la doble póliza de accidentes y yo solamente con la pulsera de su tobillo. ¿Sabe? En una última ocasión me confesó, reduciendo a cenizas nuestro universo privado de claroscuros, que tenía el alma podrida. Eso ya no era noticia para mí. El problema es que, para llegar a su alma y percibir el nauseabundo olor que despedía, hube de atravesar un cuerpo (delictivo) de crisálida del deseo y burlar una elocuencia aprendida en inhóspitos arrabales del infierno que pareciese inspirada por la pluma del mismísimo James Cain.
Y estaba también (¿lo he dicho ya?) esa desconcertante fragancia de madreselvas que inundaba el aire de peligro y esa pulsera en el tobillo...
Como le decía, señor Robinson, el plan no conocía fisuras (y con esto no pretendo subestimar en modo alguno sus más que probadas dotes detectivescas). Mas sucede que no hay trama infalible, usted lo sabe bien... No puede llegar a imaginarse las cumbres que un hombre estaría dispuesto a escalar por conseguir el favor sexual de una hembra como ella. Si me permite un consejo guárdese, señor Robinson, de anhelar apetitosas carnes que esconden en su interior anzuelos fatales de esos que arruinan a uno la vida al primer mordisco. Lo que quiero decirle es que, si mi olfato no vuelve a traicionarme, yo en su lugar pondría tierra de por medio con esa tal señorita Bennett antes de que sea demasiado tarde y no haya lugar al antídoto para la dosis de Perversidad inoculada.
Recuerdo sin sonrojo la primera vez que vi a la señora Stanwyck; aquella fatídica y calurosa mañana californiana de finales de mayo en que llamé a su puerta para negociar la renovación de una póliza de seguros de automóvil con su marido, quien dicho sea de paso se encontraba ausente. Ella se me ofreció a la vista desde el piso de arriba, en ese espacio dormido donde la escalera deja paso a un escaparate de ponzoñas de ocasión, interrumpiendo su baño de sol y envuelta en una toalla blanca que venía a abandonar el lienzo apenas un par de centímetros por debajo de sus rodillas. Arrebatadora en su insolente lozanía me instó a esperarla a que se vistiera. Al cabo de unos minutos escuché un redoble cadencioso de tacones golpeando la madera de los peldaños y ella, como una milagrosa aparición, emergió de la luz al cabo de una turbadora panorámica de abajo arriba con una pulsera decorando su tobillo izquierdo (¿ha visto alguna vez algo semejante?), abrochándose con demora los botones del vestido, y se pintó los labios de carmín intenso ante un tipo aún risueño que se parecía demasiado a mí; un tipo atrapado por el estupor frente al espejo en que ella plantaba cara a su peligroso reflejo. A esas alturas yo ya casi había olvidado lo que fui a hacer a aquella idílica mansión. Luego nos sentamos y ella cruzó y descruzó y volvió a cruzar sus piernas, descubiertas y extendidas, y me dijo su nombre; y yo, que ya iba a noventa por las carreteras de un estado en que la velocidad máxima permitida es cuarenta y cinco, recibí una amonestación con aroma de madreselvas que sólo me permitía pensar en mi cita con ella al día siguiente, a pesar de que a buen seguro en esta ocasión estaría presente el señor Dietrichson: su desdichado marido.
Empieza a entender ¿verdad, señor Robinson? El resto ya lo conoce: ella, que no era novata en el arte del crimen, soñaba con el asesinato de los cien mil dólares de la doble póliza de accidentes y yo solamente con la pulsera de su tobillo. ¿Sabe? En una última ocasión me confesó, reduciendo a cenizas nuestro universo privado de claroscuros, que tenía el alma podrida. Eso ya no era noticia para mí. El problema es que, para llegar a su alma y percibir el nauseabundo olor que despedía, hube de atravesar un cuerpo (delictivo) de crisálida del deseo y burlar una elocuencia aprendida en inhóspitos arrabales del infierno que pareciese inspirada por la pluma del mismísimo James Cain.
Y estaba también (¿lo he dicho ya?) esa desconcertante fragancia de madreselvas que inundaba el aire de peligro y esa pulsera en el tobillo...
miércoles, septiembre 08, 2010
La Dánae de Klimt (inventario voyeurista)
De cárdeno organdí salpimentada,
rociada de un incienso embriagador,
no hubo virgen más puta alrededor
ni diosa por los dioses más amada.
Una lluvia eficaz de mies dorada
y semen rubio inunda el colector
de tu sueño, ¡oh, Zeus progenitor!,
preñándote el caudal con la alborada.
Y así, feto a babor, mientras te tocas
el sexo con fruición de pizpireta
y ocultas con tus dedos como bocas
el cofre de tu pecho, mi bragueta
y su fiebre festejan como locas
la tímida eclosión de la otra teta.
rociada de un incienso embriagador,
no hubo virgen más puta alrededor
ni diosa por los dioses más amada.
Una lluvia eficaz de mies dorada
y semen rubio inunda el colector
de tu sueño, ¡oh, Zeus progenitor!,
preñándote el caudal con la alborada.
Y así, feto a babor, mientras te tocas
el sexo con fruición de pizpireta
y ocultas con tus dedos como bocas
el cofre de tu pecho, mi bragueta
y su fiebre festejan como locas
la tímida eclosión de la otra teta.
martes, julio 06, 2010
Larissa (o Por quién redoblan las vuvuzelas)
No es noticia que yo, después de todo,
reniegue de honor patrio y de bandera
si piensas que arrancó esta ventolera
de cuajo mi afición. De cualquier modo
¿quién puede renunciar a una gacela
cruzando en libertad, con tanta gracia,
al bies la Plaza de la Democracia
sin complejos, sin ropa y sin abuela?
Al pilón con capellos, maradonas,
jabulanis y primas concertadas,
que aunque haya tras las carnes corazones
que aplaudan a la Roja, las hormonas
no quieren ensayar otras jugadas
que la mano de Dios con dos balones.
martes, junio 29, 2010
Sara (o Por quién doblan las vuvuzelas)
Al principio del tiempo una mujer
como tantas nos trajo la desgracia
por pegársela a Adán ¡tamaña audacia!
con el diablo... pero eso pasó ayer.
Hoy los hechos parecen escoger
de nuevo la ruta de la falacia:
Eva ahora luce melena lacia
y figura digna de merecer
y unos ojos color mar de Sorolla
y un micrófono en vez de una manzana
y unos labios que intuyo como gasa.
No dejes que te den por la farfolla
los viejos tutores de la desgana
que al son que ganan años pierden grasa.
Que si algo te han de untar, pues hace ampolla,
a coro los mamuts con los bafana
es por querer tener más de una casa.
lunes, junio 14, 2010
Detrás del bache
Caminante no hay camino,
se hace camino al andar
(A. Machado)
De tanto transitarlo, el pavimento
se te hizo repetido, como absurdo,
cansado de pisadas, casi burdo,
fatal para los pies en movimiento
que se hunden, trastabillan, se deslizan
erráticos, vencidos por el peso
crepuscular de un tiempo que, travieso,
te amarra a la SICAV donde cotizan
dios y diablo a la par, infierno y cielo
por un asfalto nuevo, un nuevo suelo.
De tanto transitar fango azabache
y sofocar por ley la rebeldía
se te hizo puro negro el nuevo día
al ver que no hay color detrás del bache.
se hace camino al andar
(A. Machado)
De tanto transitarlo, el pavimento
se te hizo repetido, como absurdo,
cansado de pisadas, casi burdo,
fatal para los pies en movimiento
que se hunden, trastabillan, se deslizan
erráticos, vencidos por el peso
crepuscular de un tiempo que, travieso,
te amarra a la SICAV donde cotizan
dios y diablo a la par, infierno y cielo
por un asfalto nuevo, un nuevo suelo.
De tanto transitar fango azabache
y sofocar por ley la rebeldía
se te hizo puro negro el nuevo día
al ver que no hay color detrás del bache.
miércoles, abril 21, 2010
Lento el fuego (para Selu, con desgana)
Por los clavos del Cristo del Talego,
por el amor de Ford resucitado,
que aunque pretenda siempre lento el fuego
su guiso empieza a oler a chamuscado.
Y no encuentra la fórmula precisa
(¿será que con la noche muere el día?)
para aliviar con versos tanta prisa.
No quiero que parezca grosería
recomendarle un chute de jarabe
de hostias sin consagrar y de alma en pena
y sangre derramada en vino suave,
luego un pico de inspiración en vena
y reposo absoluto, que ya sabe
que es ley para aguardar la cuarentena.
por el amor de Ford resucitado,
que aunque pretenda siempre lento el fuego
su guiso empieza a oler a chamuscado.
Y no encuentra la fórmula precisa
(¿será que con la noche muere el día?)
para aliviar con versos tanta prisa.
No quiero que parezca grosería
recomendarle un chute de jarabe
de hostias sin consagrar y de alma en pena
y sangre derramada en vino suave,
luego un pico de inspiración en vena
y reposo absoluto, que ya sabe
que es ley para aguardar la cuarentena.
jueves, abril 15, 2010
Llueve que llueve
La química posible, el desconsuelo
de las nubes en lágrima endocrina,
el líquido cuajando en la hornacina
furiosa del altar de tu desvelo.
La piel vacilante en el abrazo
de los cuerpos, dos voces que son una,
el deseo asesino de la hambruna,
fuegos fatuos prendiendo el espinazo.
Rompe una flor, se agitan las mareas,
asiste el cielo al trueque de jaleas,
somos medias mentiras de ocho a nueve.
Luego te has de vestir sin echar cuenta
del zapato ni la hora, Cenicienta.
Nieva afuera, adentro llueve que llueve.
de las nubes en lágrima endocrina,
el líquido cuajando en la hornacina
furiosa del altar de tu desvelo.
La piel vacilante en el abrazo
de los cuerpos, dos voces que son una,
el deseo asesino de la hambruna,
fuegos fatuos prendiendo el espinazo.
Rompe una flor, se agitan las mareas,
asiste el cielo al trueque de jaleas,
somos medias mentiras de ocho a nueve.
Luego te has de vestir sin echar cuenta
del zapato ni la hora, Cenicienta.
Nieva afuera, adentro llueve que llueve.
jueves, abril 08, 2010
Primavera (gira, gira, gira)
Si gira el mundo es porque tú lo mueves
a ritmo de mil soles por tercero,
quién fuese de ese tictac relojero,
quién caño en la fuente de la que bebes,
quién pájaro chogüí cuando te atreves
a acariciar con plumas el tintero,
quién Sabio de tus besos prisionero
cuando eres la madrastra y Blancanieves.
Si gira el mundo es porque cada noche
inventas la mañana venidera,
quién fuese, ay, tu primera luz del día
y tu postrer tiniebla del derroche,
quién fiel vocero de esta letanía:
si gira, gira, gira... ¡es primavera!
a ritmo de mil soles por tercero,
quién fuese de ese tictac relojero,
quién caño en la fuente de la que bebes,
quién pájaro chogüí cuando te atreves
a acariciar con plumas el tintero,
quién Sabio de tus besos prisionero
cuando eres la madrastra y Blancanieves.
Si gira el mundo es porque cada noche
inventas la mañana venidera,
quién fuese, ay, tu primera luz del día
y tu postrer tiniebla del derroche,
quién fiel vocero de esta letanía:
si gira, gira, gira... ¡es primavera!
lunes, marzo 15, 2010
La calentura del celuloide IV: El beso eterno
Corría el año de gracia de 1946 cuando Sir Alfred Hitchcock firmó para la RKO, con la que el magnate del cine David O. Selznick había negociado el paquete Hitchcock/Bergman/Grant junto con un guión casi concluido por 800000 dólares más la mitad de los beneficios recaudados en taquilla, otra de sus obras maestras: Encadenados, un delicioso "drama romántico" (según la clasificación llevada a cabo por la Production Code Administration) y nada más (ni menos) que eso. No hay nidos de espías, ni agentes infiltrados del FBI, ni bombas atómicas, ni más veneno que el corroe por dentro a Cary Grant cuando siente que está perdiendo a la Bergman, ni otras fiebres de posguerra que el amor desesperado entre Devlin y Alicia, porque a Hitchcock le importaba medio gramo de uranio que el Mac Guffin de Notorious fuese más o menos creíble, que lo que se cocía en las lúgubres bodegas de Sebastian soportase mejor o peor el peso de una trama que para él no era más que el apasionado romance que habría querido mantener con Ingrid Bergman y ella le negó repetidamente.
No restándole otra opción que asumir el rol de voyeur, peeping Hitch 1 nos brinda en este film una prodigiosa secuencia, posiblemente una de las más eróticas y sensuales de la historia del cine, rodada en una sola toma, en la que Bergman y Grant se besan, se acarician, se susurran, se muerden, se electrizan, se hacen arrumacos, se poseen y se desean, todo al mismo tiempo. Tan sólo 50 años separaban el fugaz beso de May Irwin y John C. Rice del beso eterno entre Devlin y Alicia. Además de lamentar profundamente no ser él quien explorase los vericuetos de los labios de la actriz, el maestro hubo de asumir el desafío de burlar los controles de la terca censura de la época −aquí código Hitch llamando a Hays−, que no consentían que un beso en pantalla se exhibiese durante más de tres segundos. El director ganó la partida con creces. Ingrid Bergman lo rememoraba así en sus memorias:
El antológico beso de Encadenados (que no es uno, sino muchos y bien salpimentados) acontece en la suit de un hotel de Río de Janeiro. Comienza en la terraza, donde la cámara alcanza a los amantes casi acariciándolos con un zoom diurno y alevoso mientras planifican los pormenores de la cena, para luego perseguirlos sin cortes hasta el interior de la habitación, observarlos en escorzo en tanto el cable del teléfono −símbolo último del trío que sólo pudo acontecer en la mente del cineasta− se enreda entre sus besos y finalmente despedirlos hasta la noche, momento en que desgraciadamente el pollo cocinado por Alicia no encontrará la receptividad convenida. Lo más significativo de la secuencia, dejando de lado su carga pasional, es que es siempre Ingrid la que lleva la iniciativa amatoria porque es ella la que se ha doblegado desde el principio a los encantos del galán, en cuyo interior compiten vehementemente la química salvaje que desata en él la sueca con una profesionalidad ineluctable.
Sin embargo, no fue el obstáculo del beso el único que el film tuvo que sortear en su periplo hacia las pantallas. El guión de Encadenados hubo de ser sometido a diversas revisiones por parte de los censores de la Oficina Breen, pues la presentación que en él se hacía del personaje de Alicia como una mujer promiscua y licenciosa atentaba directamente contra el espíritu moralizante del Código Hays. Tras la presentación de la primera versión completa del guión para obtener la licencia de castidad necesaria para la exhibición del film, la RKO recibió la siguiente respuesta:
Incluso así, después de que Ben Hetch hubiese reescrito varias de estas polémicas escenas, el montaje final de la película fue nuevamente censurado y la RKO obligada a suprimir algunas de las más provocadoras de la secuencia de la fiesta en el apartamento de Miami, en que aparentemente Alicia mostraba aún flecos de moral disipada y comportamientos sexuales implícitos que podían hacer zozobrar al sufrido espectador.
Tras Encadenados la adorable Ingrid acabó Atormentada con Hitchcock y después marchó a Italia a rodar (por la hierba) con Rossellini, de quien concibió una hija (la también actriz Isabella Rossellini) sin haberse casado, hecho este que le cerró definitivamente las puertas de un Hollywood retrógrado y puritano hasta extremos insospechados. Hitchcock, lejos de arrojar la toalla, encontró una nueva musa rubia en la angelical Grace Kelly, princesa futura de Mónaco y sempiterna de cualquier cuento de hadas... pero esa es otra historia (y no la última, pues aún después habría de torturar con pájaros voraces y demás chantajes emocionales a Tippi Hedren).
1.En inglés la palabra hitch es un sustantivo que significa problema, dificultad o contratiempo. Al adoptar sólo la primera mitad de su apellido, Hitchcock se despojó del cock, jerga inglesa para designar al pene. Realmente Hitchcock era una auténtica polla en apuros
No restándole otra opción que asumir el rol de voyeur, peeping Hitch 1 nos brinda en este film una prodigiosa secuencia, posiblemente una de las más eróticas y sensuales de la historia del cine, rodada en una sola toma, en la que Bergman y Grant se besan, se acarician, se susurran, se muerden, se electrizan, se hacen arrumacos, se poseen y se desean, todo al mismo tiempo. Tan sólo 50 años separaban el fugaz beso de May Irwin y John C. Rice del beso eterno entre Devlin y Alicia. Además de lamentar profundamente no ser él quien explorase los vericuetos de los labios de la actriz, el maestro hubo de asumir el desafío de burlar los controles de la terca censura de la época −aquí código Hitch llamando a Hays−, que no consentían que un beso en pantalla se exhibiese durante más de tres segundos. El director ganó la partida con creces. Ingrid Bergman lo rememoraba así en sus memorias:
Un beso sólo podía durar tres segundos. Nos besamos y hablamos, nos separamos y volvimos a besarnos. El teléfono medió entre nosotros y nos trasladamos al otro lado del aparato. Fue un beso que empezaba y concluía: los censores no tuvieron motivo para suprimir la escena, porque nunca nos besábamos más de tres segundos. Hacíamos otras cosas: nos mordisqueamos las orejas y besamos la mejilla, por lo cual pareció interminable y se convirtió en la sensación de Hollywood.
El antológico beso de Encadenados (que no es uno, sino muchos y bien salpimentados) acontece en la suit de un hotel de Río de Janeiro. Comienza en la terraza, donde la cámara alcanza a los amantes casi acariciándolos con un zoom diurno y alevoso mientras planifican los pormenores de la cena, para luego perseguirlos sin cortes hasta el interior de la habitación, observarlos en escorzo en tanto el cable del teléfono −símbolo último del trío que sólo pudo acontecer en la mente del cineasta− se enreda entre sus besos y finalmente despedirlos hasta la noche, momento en que desgraciadamente el pollo cocinado por Alicia no encontrará la receptividad convenida. Lo más significativo de la secuencia, dejando de lado su carga pasional, es que es siempre Ingrid la que lleva la iniciativa amatoria porque es ella la que se ha doblegado desde el principio a los encantos del galán, en cuyo interior compiten vehementemente la química salvaje que desata en él la sueca con una profesionalidad ineluctable.
Sin embargo, no fue el obstáculo del beso el único que el film tuvo que sortear en su periplo hacia las pantallas. El guión de Encadenados hubo de ser sometido a diversas revisiones por parte de los censores de la Oficina Breen, pues la presentación que en él se hacía del personaje de Alicia como una mujer promiscua y licenciosa atentaba directamente contra el espíritu moralizante del Código Hays. Tras la presentación de la primera versión completa del guión para obtener la licencia de castidad necesaria para la exhibición del film, la RKO recibió la siguiente respuesta:
De nuevo deseamos subrayar el hecho de que antes de que esta película pueda ser aprobada, será necesario modificar las insinuaciones todavía presentes en relación a que su protagonista principal es una mujer de hábitos sexuales relajados. Esta sensación se desprende no sólo por el hecho de que en el inicio del filme se sugiere que está viviendo con un hombre, sino por las numerosas acusaciones e imputaciones que, en tal sentido, le hacen un gran número de personas a lo largo del guión y que no son negadas [...]
Incluso así, después de que Ben Hetch hubiese reescrito varias de estas polémicas escenas, el montaje final de la película fue nuevamente censurado y la RKO obligada a suprimir algunas de las más provocadoras de la secuencia de la fiesta en el apartamento de Miami, en que aparentemente Alicia mostraba aún flecos de moral disipada y comportamientos sexuales implícitos que podían hacer zozobrar al sufrido espectador.
Tras Encadenados la adorable Ingrid acabó Atormentada con Hitchcock y después marchó a Italia a rodar (por la hierba) con Rossellini, de quien concibió una hija (la también actriz Isabella Rossellini) sin haberse casado, hecho este que le cerró definitivamente las puertas de un Hollywood retrógrado y puritano hasta extremos insospechados. Hitchcock, lejos de arrojar la toalla, encontró una nueva musa rubia en la angelical Grace Kelly, princesa futura de Mónaco y sempiterna de cualquier cuento de hadas... pero esa es otra historia (y no la última, pues aún después habría de torturar con pájaros voraces y demás chantajes emocionales a Tippi Hedren).
1.En inglés la palabra hitch es un sustantivo que significa problema, dificultad o contratiempo. Al adoptar sólo la primera mitad de su apellido, Hitchcock se despojó del cock, jerga inglesa para designar al pene. Realmente Hitchcock era una auténtica polla en apuros
viernes, marzo 12, 2010
El soneto matemático (parto inverso)
La vida es ir amaneciendo inmerso
en la luz del factor que la duplica,
así al 2 la chistera ratifica
como prócer de un largo parto inverso
que va multiplicando el universo:
ya a la fuente 4 va y 8 salpica.
La vida a cada paso reivindica
el pulso geométrico del verso
que crece, se desborda, se hace inmenso
guiándome hacia un vértigo infinito
de gente que nada en un mar de gente
tan rápido que, puesto a pensar, pienso
a menudo en recuperar el rito
de salir con 2π por la tangente.
en la luz del factor que la duplica,
así al 2 la chistera ratifica
como prócer de un largo parto inverso
que va multiplicando el universo:
ya a la fuente 4 va y 8 salpica.
La vida a cada paso reivindica
el pulso geométrico del verso
que crece, se desborda, se hace inmenso
guiándome hacia un vértigo infinito
de gente que nada en un mar de gente
tan rápido que, puesto a pensar, pienso
a menudo en recuperar el rito
de salir con 2π por la tangente.
miércoles, marzo 10, 2010
El soneto matemático (por Vicente Luis Mora)
Todos sabían que la vida es irse
por qué no lo entendí no lo comprendo
pero conforme luego fui creciendo
supuse que vivir es dividirse
como el ocho en el cuatro ha de partirse
y como el cuatro en dos se va escindiendo
como la calavera que riendo
se ha ido despojando del reírse.
La vida es dividirse y yo me siento
a cada día un poco menos vivo:
si me sustraen mitades las jornadas
multiplicando restas y los vientos
prosiguen sus labores de derribo
me iré partiendo hasta quedar en nada.
por qué no lo entendí no lo comprendo
pero conforme luego fui creciendo
supuse que vivir es dividirse
como el ocho en el cuatro ha de partirse
y como el cuatro en dos se va escindiendo
como la calavera que riendo
se ha ido despojando del reírse.
La vida es dividirse y yo me siento
a cada día un poco menos vivo:
si me sustraen mitades las jornadas
multiplicando restas y los vientos
prosiguen sus labores de derribo
me iré partiendo hasta quedar en nada.
lunes, marzo 08, 2010
Un millón de razones (variaciones sobre una canción de N.)
Un millón de razones van sumando
las que tengo para huir hacia tu boca,
un millón para amarte es siempre poca
cantidad de razones avanzando.
Para ir al abordaje de tus labios
un millón de razones es recato
pues besan dulcemente de rebato,
habrálos más traidores, no más sabios.
Un millón, ingeridas sin receta
las razones apuntan la salida
sin desespero ni gastando flema.
Un millón de razones en brocheta
no caben, mala sombra, en un poema
así que escribiré toda la vida.
las que tengo para huir hacia tu boca,
un millón para amarte es siempre poca
cantidad de razones avanzando.
Para ir al abordaje de tus labios
un millón de razones es recato
pues besan dulcemente de rebato,
habrálos más traidores, no más sabios.
Un millón, ingeridas sin receta
las razones apuntan la salida
sin desespero ni gastando flema.
Un millón de razones en brocheta
no caben, mala sombra, en un poema
así que escribiré toda la vida.
miércoles, marzo 03, 2010
Estrella errante
Nací en Tauro esquina con Ganimedes
al norte de la eclíptica de Marte,
en una luna reservada al arte
telúrico que enluta las paredes.
Nací de una tormenta de centellas
y de un chaparrón de meteoritos,
cuenta el anciano Orión que oyó los gritos
a un siglo luz y que temió por ellas.
Nací el año astral en que la tormenta
perfecta se vistió de imperfecciones
para la ocasión, soltera y elegante,
un día plomizo entre estaciones
en el amanecer de los setenta.
Nací al amparo de una estrella errante.
al norte de la eclíptica de Marte,
en una luna reservada al arte
telúrico que enluta las paredes.
Nací de una tormenta de centellas
y de un chaparrón de meteoritos,
cuenta el anciano Orión que oyó los gritos
a un siglo luz y que temió por ellas.
Nací el año astral en que la tormenta
perfecta se vistió de imperfecciones
para la ocasión, soltera y elegante,
un día plomizo entre estaciones
en el amanecer de los setenta.
Nací al amparo de una estrella errante.
viernes, febrero 19, 2010
La calentura del celuloide III: Rosebud
La enigmática palabreja anglosajona rosebud (pimpollo, según traducción literal del inglés) redirige presto ese inquietante y traicionero mecanismo que es la memoria hacia el modélico Ciudadano Kane de Welles y su pleonástica secuencia final en que los juguetes de la infancia del protagonista, aquella bola de cristal con motivo navideño semioculto por la nieve y un desvencijado trineo calado de polvo y recuerdo hasta los renos, se convierten en pasto alegre de las llamas. No descubro nada al decir que el todopoderoso Charles Foster Kane, al contemplarse ante el avinagrado espejo de su vanidad y proyectar sobre el azogue su obsesión por el pasado, reconoce sin dificultad en el milagro de la luz al magnate de la prensa y la radiocomunicación norteamericana William Randolph Hearst, aquel que tantas bocas tuviese que alimentar o silenciar para proteger su imagen tras verse salpicado, junto a otros nombres importantes del cine como Daniel Carson (jefe de producción de Hearst) o Charles Chaplin, por el misterioso deceso el 16 de noviembre de 1924 del prometedor productor y realizador Thomas Ince en el transcurso de una fiesta de cumpleaños a bordo de Oneida, el yate privado del jerarca. Sepan los más curiosos y/o morbosos que en 2001 el más cinéfilo de los cineastas (con permiso de nuestro Garci y de los enfants terribles de la Nouvelle Vague), Peter Bogdanovich, recreó esta historia para la pantalla de plata bajo el título
The cat's meow, con Edward Herrmann encarnando al omnímodo multimillonario. Pues bien, por aquel entonces Hearst andaba enrollado con la (siempre aspirante a) actriz Marion Davies, 34 años menor que él, de quien cuenta la leyenda que antes de entregarse al alcohol se entregó también a Chaplin, lo que lógicamente complica aún más el funesto episodio del festejo en la embarcación, sobre el que se llegó a especular que la muerte de Ince no fue más que un ridículo accidente en tanto que la bala ejecutora llevaba escrito con letras mayúsculas y grafía hearstiana el nombre del genio sin par del bombín, el bastón y el falso mostacho.
A lo que voy: lo que sí pudiera resultar un descubrimiento para el lector que haya atesorado la paciencia suficiente para llegar hasta aquí es la ligereza de (cascos y) tacto de la Davies, de quien también cuenta la leyenda que en una de esas prolíficas y desmesuradas fiestas en San Simeón, el castillo en el Pacífico californiano con 111 dependencias y una piscina de agua de mar de 33 metros de longitud que compartía con el magnate, se fue de la lengua entre tartamudeos 1 y confesó en petit comité (en defensa de la actriz he de decir que eso es lo que uno siempre cree y luego resulta que no hay comité pequeño), vaya usted a saber cuántos litros de alcohol regaban ya sus intestinos, que rosebud era el término que Hearst acuñó para referirse cariñosamente al sexo de su guayabo, algo así como el coñito de Miss Davies pero en versión poético-finolis: el brote tierno que aún no ha despuntado en flor de mayo. Como decía antes ningún comité es suficientemente pequeño y menos aún cuando uno de los nombres asiduos a aquellas galas era el de Louella Parsons, la lengua más viperina de la prensa amarillista norteamericana a ese lado del río Pecos. Es así como el rosebud de Marion debió pasar de boca en boca (con las debidas disculpas a su excelencia Hearst por la expresión) hasta llegar de labios de Herman Mankiewicz a oídos de Welles, maestro artificiero de la pirotecnia estilística y artífice de la magia de salón, quien con inusitada mala leche aún no superada en toda la historia del cine (salvo quizá por algunos pespuntes de Wilder, de nuestro Berlanga y el emblemático usted haga zig, que yo haré zag de Michael Caine cuando en el ocaso de Comando en el Mar de China ha de atravesar junto con Cliff Robertson el inmenso maizal, con los japos apuntándoles al culo con toda su artillería pesada, que los separa de las tropas aliadas) lo filmó consumiéndose entre llamas al mismo tiempo que Kane/Hearst agonizaba y además se recreó en sus chispeantes cenizas, al modo de un rezo al estilo napoleónico desde el que parece escucharse: desde las más ardientes piras del deseo, 30 años de historia os contemplan. Y ante tan metafórica y conmovedora estampa, Kane exhaló su penúltimo suspiro: Rosebud. Ofendido y desprestigiado hasta el arrebato, la noche del estreno de Ciudadano Kane Hearst negoció la perversa presencia de un fotógrafo y una menor desnuda en la habitación de hotel que ocupaba Welles para cubrir de basura al cineasta, si bien alguien descubrió el pastel podrido a tiempo y dio la voz de alarma al director. Así se juega, se vive y se muere en la Hollywood league.
1. Marion Davies era tartamuda, hecho este que dificultaba aún más su carrera como actriz y la dejaba en la estacada con la llegada del sonoro. No es de extrañar que buscase la protección y el mecenazgo de un tipo tan poderoso como Hearst
The cat's meow, con Edward Herrmann encarnando al omnímodo multimillonario. Pues bien, por aquel entonces Hearst andaba enrollado con la (siempre aspirante a) actriz Marion Davies, 34 años menor que él, de quien cuenta la leyenda que antes de entregarse al alcohol se entregó también a Chaplin, lo que lógicamente complica aún más el funesto episodio del festejo en la embarcación, sobre el que se llegó a especular que la muerte de Ince no fue más que un ridículo accidente en tanto que la bala ejecutora llevaba escrito con letras mayúsculas y grafía hearstiana el nombre del genio sin par del bombín, el bastón y el falso mostacho.
A lo que voy: lo que sí pudiera resultar un descubrimiento para el lector que haya atesorado la paciencia suficiente para llegar hasta aquí es la ligereza de (cascos y) tacto de la Davies, de quien también cuenta la leyenda que en una de esas prolíficas y desmesuradas fiestas en San Simeón, el castillo en el Pacífico californiano con 111 dependencias y una piscina de agua de mar de 33 metros de longitud que compartía con el magnate, se fue de la lengua entre tartamudeos 1 y confesó en petit comité (en defensa de la actriz he de decir que eso es lo que uno siempre cree y luego resulta que no hay comité pequeño), vaya usted a saber cuántos litros de alcohol regaban ya sus intestinos, que rosebud era el término que Hearst acuñó para referirse cariñosamente al sexo de su guayabo, algo así como el coñito de Miss Davies pero en versión poético-finolis: el brote tierno que aún no ha despuntado en flor de mayo. Como decía antes ningún comité es suficientemente pequeño y menos aún cuando uno de los nombres asiduos a aquellas galas era el de Louella Parsons, la lengua más viperina de la prensa amarillista norteamericana a ese lado del río Pecos. Es así como el rosebud de Marion debió pasar de boca en boca (con las debidas disculpas a su excelencia Hearst por la expresión) hasta llegar de labios de Herman Mankiewicz a oídos de Welles, maestro artificiero de la pirotecnia estilística y artífice de la magia de salón, quien con inusitada mala leche aún no superada en toda la historia del cine (salvo quizá por algunos pespuntes de Wilder, de nuestro Berlanga y el emblemático usted haga zig, que yo haré zag de Michael Caine cuando en el ocaso de Comando en el Mar de China ha de atravesar junto con Cliff Robertson el inmenso maizal, con los japos apuntándoles al culo con toda su artillería pesada, que los separa de las tropas aliadas) lo filmó consumiéndose entre llamas al mismo tiempo que Kane/Hearst agonizaba y además se recreó en sus chispeantes cenizas, al modo de un rezo al estilo napoleónico desde el que parece escucharse: desde las más ardientes piras del deseo, 30 años de historia os contemplan. Y ante tan metafórica y conmovedora estampa, Kane exhaló su penúltimo suspiro: Rosebud. Ofendido y desprestigiado hasta el arrebato, la noche del estreno de Ciudadano Kane Hearst negoció la perversa presencia de un fotógrafo y una menor desnuda en la habitación de hotel que ocupaba Welles para cubrir de basura al cineasta, si bien alguien descubrió el pastel podrido a tiempo y dio la voz de alarma al director. Así se juega, se vive y se muere en la Hollywood league.
1. Marion Davies era tartamuda, hecho este que dificultaba aún más su carrera como actriz y la dejaba en la estacada con la llegada del sonoro. No es de extrañar que buscase la protección y el mecenazgo de un tipo tan poderoso como Hearst
martes, febrero 16, 2010
Languidece la vida
Languidece la vida rescatando
congojas del anzuelo del olvido,
evadiendo los impuestos del descuido
y hurgando en costales rotos, hurgando.
Como huye el preso de la fortaleza
se va la vida en horas de oficina
con sus alas llenas de gasolina
volando de los pies a la cabeza.
Y no reparamos en su estrategia
de retirada y huérfanos nos deja
de empresa y mientras va vaciando el plato
cual necios la piel se nos despelleja,
que puesta la corona en testa regia
dos piernas ha el ratón y tres el gato.
congojas del anzuelo del olvido,
evadiendo los impuestos del descuido
y hurgando en costales rotos, hurgando.
Como huye el preso de la fortaleza
se va la vida en horas de oficina
con sus alas llenas de gasolina
volando de los pies a la cabeza.
Y no reparamos en su estrategia
de retirada y huérfanos nos deja
de empresa y mientras va vaciando el plato
cual necios la piel se nos despelleja,
que puesta la corona en testa regia
dos piernas ha el ratón y tres el gato.
lunes, febrero 15, 2010
Gongorina erótica
En el cristal de tu divina mano
un diamante ingeniosamente
corra, que necesaria es su corriente
sabiendo que halla ya paso más llano.
Oro bruñido al sol relumbra en vano
no a mi ambición contrario tan luciente
dará flores, y vos gloriosamente
de rayos negros, serafín humano,
gracias os quiero dar sin cumplimiento.
Fiebre, pues, tantas veces repetida
la beldad desta Octava Maravilla
ciñendo el tronco, honrando el instrumento,
qué prudencia del polvo prevenida
que en mi rincón me espera una morcilla.
un diamante ingeniosamente
corra, que necesaria es su corriente
sabiendo que halla ya paso más llano.
Oro bruñido al sol relumbra en vano
no a mi ambición contrario tan luciente
dará flores, y vos gloriosamente
de rayos negros, serafín humano,
gracias os quiero dar sin cumplimiento.
Fiebre, pues, tantas veces repetida
la beldad desta Octava Maravilla
ciñendo el tronco, honrando el instrumento,
qué prudencia del polvo prevenida
que en mi rincón me espera una morcilla.
miércoles, febrero 10, 2010
La calentura del celuloide II: Entre las piernas
Que yo he de preferir, por la elegancia del ágil movimiento en aquel maravilloso verde tecnicolor y por las piernas ligeras e infinitas que lo hicieron posible, otro cruce que se anticipó al anterior en cuatro décadas. Se trata de uno de los múltiples momentos antológicos de Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen-Gene Kelly, 1952), cuando el conocido actor de la era muda del cine Don Lockwood (Gene Kelly) narra al productor en jefe de Monumental Pictures (Millard Mitchell) su revolucionaria idea para el número moderno del talkie musical The dancing cavalier: el protagonista llega a Nueva York dispuesto a triunfar bailando, con su maleta repleta de sueños y el lema Gotta dance (uno de los espectáculos musicales mejor filmados de la historia entera del cine) grabado a fuego en el corazón. Tras varias pruebas infructuosas y demasiadas puertas cerradas ante las narices, un agente que confía en su prometedor talento lo introduce en los ambientes sórdidos de un primoroso Broadway de cartón piedra con matices expresionistas. Allí está Lockwood/Kelly haciendo de la danza poesía y virtud cuando súbitamente, como por inopinado arte de birlibirloque, el vuelo de la cámara se detiene en una pierna descubierta y sin fin que se despliega en perfecto ángulo recto con el tronco, de la que pende el sombrero del bailarín. Lentamente el plano se abre para descubrinos a la chica del gánster, ingrávida Cyd Charisse, la de las piernas perfectas y largas como un delicioso infinito de carne que sentenciase Cabrera Infante, sentada sobre una silla roja, la pierna buscando ahora el cenit de la vertical y luego el cruce vertiginoso, estilizado, a tempo, instalado a perpetuidad en la memoria cinematográfica del siglo XX. El resto es pura magia de salón al ritmo del mejor cine musical americano.
viernes, febrero 05, 2010
Más cine, por favor
Donde el cerebro al ojo revalida
en el milagro de la persistencia
y huyendo de los trucos de la ciencia
los sueños se parecen a la vida.
miércoles, febrero 03, 2010
Guárdame
Guarda para mí la geometría
que empieza donde acaba tu cintura,
el viaje al centro de tu calentura,
la noche que claudica con el día,
guárdame el enredijo que te lía
a la polaridad de mi impostura,
la llave en curso de tu celda oscura,
la carne en que habita tu poesía,
guárdame los secretos de tu alcoba,
la suerte de la palma de tu mano,
la luz de tu penúltima sonrisa,
el eco formidable de tu trova
y un billete contigo para Urano
a la vuelta del vino de esta misa.
que empieza donde acaba tu cintura,
el viaje al centro de tu calentura,
la noche que claudica con el día,
guárdame el enredijo que te lía
a la polaridad de mi impostura,
la llave en curso de tu celda oscura,
la carne en que habita tu poesía,
guárdame los secretos de tu alcoba,
la suerte de la palma de tu mano,
la luz de tu penúltima sonrisa,
el eco formidable de tu trova
y un billete contigo para Urano
a la vuelta del vino de esta misa.
lunes, enero 25, 2010
Para Jean, R.I.P.
He apagado la luz de la farola
para inventar a ciegas tus pupilas,
he convocado al universo a filas,
he cargado con besos la pistola.
He dispuesto en tu boca las legiones
de flores en la noche más oscura,
he remontado al bies cada costura
de tu piel y he encallado en los jirones.
Y he envuelto tu nombre en seda fina
y he levantado altares del derribo
con tu busto enamorando al cincel
y he muerto contigo en cualquier esquina.
Anoche te esperé en cada adjetivo
que huía de la Musa hacia el papel.
para inventar a ciegas tus pupilas,
he convocado al universo a filas,
he cargado con besos la pistola.
He dispuesto en tu boca las legiones
de flores en la noche más oscura,
he remontado al bies cada costura
de tu piel y he encallado en los jirones.
Y he envuelto tu nombre en seda fina
y he levantado altares del derribo
con tu busto enamorando al cincel
y he muerto contigo en cualquier esquina.
Anoche te esperé en cada adjetivo
que huía de la Musa hacia el papel.
viernes, enero 15, 2010
Brindis VI (Contigo)
Contigo brindo por cada
beso que atrapó mi boca
y por el beso que toca
tras el beso, que a mí nada
me dice más que tu beso
y ese capricho goloso
de tu sonrisa en reposo
fugitiva de su peso.
Contigo brindo a la espera
de un descuido de provecho
para robar la cartera
del hervidero en barbecho
que, al llegar la primavera,
son tus besos y es tu pecho.
beso que atrapó mi boca
y por el beso que toca
tras el beso, que a mí nada
me dice más que tu beso
y ese capricho goloso
de tu sonrisa en reposo
fugitiva de su peso.
Contigo brindo a la espera
de un descuido de provecho
para robar la cartera
del hervidero en barbecho
que, al llegar la primavera,
son tus besos y es tu pecho.
miércoles, enero 13, 2010
Ayer
Cinexin, Montaplex, Juegos Reunidos,
las chapas, Tente, los sobres sorpresa,
Mazinger Z, los Sugus de fresa,
balones, coches teledirigidos,
la GAC, los Rotring, la guitarra,
Scalextric, canicas, escopetas,
Geypermanes, chicles de dos pesetas,
Clicks, vaqueros Comansi, mi pizarra,
la carta a los Reyes, magia Borrás,
el tren eléctrico, la diligencia,
los Don Miki, mi retrato con Pluto,
¿qué hacer si el viento hoy sopla para atrás?
Cuán veloz mata el tiempo a la inocencia
a cuarenta aventuras por minuto.
las chapas, Tente, los sobres sorpresa,
Mazinger Z, los Sugus de fresa,
balones, coches teledirigidos,
la GAC, los Rotring, la guitarra,
Scalextric, canicas, escopetas,
Geypermanes, chicles de dos pesetas,
Clicks, vaqueros Comansi, mi pizarra,
la carta a los Reyes, magia Borrás,
el tren eléctrico, la diligencia,
los Don Miki, mi retrato con Pluto,
¿qué hacer si el viento hoy sopla para atrás?
Cuán veloz mata el tiempo a la inocencia
a cuarenta aventuras por minuto.
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Pluto,
Rotring,
Scalextric,
Sugus,
Tente
miércoles, diciembre 16, 2009
Din don dan
Din don dan, las campanas del Congreso
ufanas tañen sonidos divinos
cuando las lanza al vuelo Moratinos
en fiera lucha contra el sobrepeso.
Ya va naciendo el Niño en un escaño,
la santísima Trini asiste el parto
y Zapatero al borde del infarto
sin mojarse le da su primer baño.
Va Pajín afinando la zambomba,
ya al hemiciclo acuden los pastores,
ya Carme amonesta a los desertores,
ya sobre los leones nieva en tromba
y Bono al cielo mira agradecido
y Bibi se hace miembra del cortejo
y entonan las urracas villancicos
con derechos de autor desconocido
y (los) Ángeles calla(n) por consejo
de Ramoncín, que ahora es cosa de ricos
cantar coplas de otros, y allá en el nido
Emmanuel se retuerce ante este espejo
y al fin mi pesadilla se hace añicos.
ufanas tañen sonidos divinos
cuando las lanza al vuelo Moratinos
en fiera lucha contra el sobrepeso.
Ya va naciendo el Niño en un escaño,
la santísima Trini asiste el parto
y Zapatero al borde del infarto
sin mojarse le da su primer baño.
Va Pajín afinando la zambomba,
ya al hemiciclo acuden los pastores,
ya Carme amonesta a los desertores,
ya sobre los leones nieva en tromba
y Bono al cielo mira agradecido
y Bibi se hace miembra del cortejo
y entonan las urracas villancicos
con derechos de autor desconocido
y (los) Ángeles calla(n) por consejo
de Ramoncín, que ahora es cosa de ricos
cantar coplas de otros, y allá en el nido
Emmanuel se retuerce ante este espejo
y al fin mi pesadilla se hace añicos.
lunes, diciembre 14, 2009
Dedicado
I
A los gánsters del sueño americano
que hicieron botellón con la Ley Seca,
a las pin-ups con cara de muñeca,
a las primas fulanas de mengano,
al tipo duro de la gabardina,
a la orden secular del buen pecado,
a Custer (de pie) y a Toro Sentado,
a Irma aireando el bolso en una esquina,
al pirata de mares imposibles,
a la grúa que urdió bajo la lluvia
el coito del paraguas y el sombrero,
a los Nevski y a los Ivanes terribles,
a la Venus que fue mujer y rubia...
dedicado en escorzo y cuerpo entero.
II
A los poetas malditos del robo
de guante blanco y mano renegrida,
a los muertos que viven otra vida,
al río Rojo, Grande, Bravo y Lobo,
a los cuatreros, los espadachines,
la carga de la brigada ligera,
a las niñas que emulan a la fiera,
a los niños que sueñan con Chaplines,
a Vienna, Shane, Pimpinela Escarlata,
Johnny Guitar, Gilda, Ethan, el Padrino,
Laura, Rick, el Zorro, el Portugués,
el capitán Manuel, el gol que empata,
Robin Hood, Tarzán, Kaplan, Marcelino,
dedicado: escena uno, toma tres.
A los gánsters del sueño americano
que hicieron botellón con la Ley Seca,
a las pin-ups con cara de muñeca,
a las primas fulanas de mengano,
al tipo duro de la gabardina,
a la orden secular del buen pecado,
a Custer (de pie) y a Toro Sentado,
a Irma aireando el bolso en una esquina,
al pirata de mares imposibles,
a la grúa que urdió bajo la lluvia
el coito del paraguas y el sombrero,
a los Nevski y a los Ivanes terribles,
a la Venus que fue mujer y rubia...
dedicado en escorzo y cuerpo entero.
II
A los poetas malditos del robo
de guante blanco y mano renegrida,
a los muertos que viven otra vida,
al río Rojo, Grande, Bravo y Lobo,
a los cuatreros, los espadachines,
la carga de la brigada ligera,
a las niñas que emulan a la fiera,
a los niños que sueñan con Chaplines,
a Vienna, Shane, Pimpinela Escarlata,
Johnny Guitar, Gilda, Ethan, el Padrino,
Laura, Rick, el Zorro, el Portugués,
el capitán Manuel, el gol que empata,
Robin Hood, Tarzán, Kaplan, Marcelino,
dedicado: escena uno, toma tres.
lunes, noviembre 30, 2009
Ahora
Ahora que nos llueve previo pago
y Mata Hari hermana con Obama,
que escondemos el sol bajo la cama
y nos chupan la sangre en medio trago,
que sostienen por ley el desempleo,
que nos suenan los mocos con promesas,
que el príncipe no baila con princesas
y Eurídice no folla con Orfeo,
que a hostias se abren paso los del clero,
que infinitos seguimos siendo pocos
y una gran multitud congrega el cero,
ahora que hacen pellas mis sofocos
y tengo en el zapato un agujero,
me pregunto: ¿es que estamos todos locos?
y Mata Hari hermana con Obama,
que escondemos el sol bajo la cama
y nos chupan la sangre en medio trago,
que sostienen por ley el desempleo,
que nos suenan los mocos con promesas,
que el príncipe no baila con princesas
y Eurídice no folla con Orfeo,
que a hostias se abren paso los del clero,
que infinitos seguimos siendo pocos
y una gran multitud congrega el cero,
ahora que hacen pellas mis sofocos
y tengo en el zapato un agujero,
me pregunto: ¿es que estamos todos locos?
martes, noviembre 17, 2009
Un grito en el suelo
Por robarte un pensamiento
para pensarlo contigo
me multa sin más testigo
de cargo el ayuntamiento.
Por robar la luna llena
para lucirla en tu escote
me va persiguiendo al trote
un canto azul de sirena.
Por quererte en los portales,
los parques y los jardines
me huelen los calcetines
a inciensos municipales.
Por trepar a tu ventana
para cantarte boleros
me mandan a los bomberos
y a la autoridad urbana.
Ya que entiendo que la vía
pública es una perrera
salgo siempre con chequera
para atender con oficio
esos gajes del servicio
de la santa policía.
para pensarlo contigo
me multa sin más testigo
de cargo el ayuntamiento.
Por robar la luna llena
para lucirla en tu escote
me va persiguiendo al trote
un canto azul de sirena.
Por quererte en los portales,
los parques y los jardines
me huelen los calcetines
a inciensos municipales.
Por trepar a tu ventana
para cantarte boleros
me mandan a los bomberos
y a la autoridad urbana.
Ya que entiendo que la vía
pública es una perrera
salgo siempre con chequera
para atender con oficio
esos gajes del servicio
de la santa policía.
martes, noviembre 03, 2009
Tocayo (R.I.P.)
Una butaca en la primera fila
te aguarda, donde risas son amores,
con Fernán Gómez, Pepe Isbert y Gila
en la gloria black and white de los actores.
Escabulléndote entre bambalinas
sin previo aviso y a traición te has ido,
yo que te hice un altar en mis retinas
tocayo mío de nombre y apellido.
te aguarda, donde risas son amores,
con Fernán Gómez, Pepe Isbert y Gila
en la gloria black and white de los actores.
Escabulléndote entre bambalinas
sin previo aviso y a traición te has ido,
yo que te hice un altar en mis retinas
tocayo mío de nombre y apellido.
miércoles, octubre 28, 2009
La calentura del celuloide I: El beso fugaz
Al principio era la Luz y la Luz estaba en Edison y la Luz era Edison. Y no estoy refiriéndome a la bombilla, hija primogénita del mago de Menlo Park, sino a su hermana de sangre la Luz del Cinematógrafo. Hablo de los últimos años del siglo XIX cuando, en pañales, el cine no era más que unos obreros saliendo de la fábrica en que trabajaban o un tren que producía la sensación de haber rebasado la pantalla para llegar a su estación de destino o un jardinero que por accidente instaura la comedia al regarse sin oficio ni beneficio. 28 de diciembre de 1895. Los Lumière organizan la primera exhibición pública de cine en el Salon Indien del Gran Café de París dando el pistoletazo de salida a una carrera cuyos protagonistas apenas han virado en la primera curva del circuito. Pura evasión. Entretenimiento a raudales. Cine para todas las filosofías, edades y doctrinas. Grover Cleveland presidía entonces la nación que vio cómo súbitamente sus sueños tomaban forma de juegos de luces y sombras accionados por el interruptor de la fantasía. Comenzaron a frecuentarse los programas de actos de las casas de vaudeville, más tarde vinieron los nickelodeones y en un plazo de escasos años comenzaron a proliferar por el mundo entero las salas de proyección. 21 de julio de 1896, apenas siete meses después del debut oficial del cine. Thomas Edison y William Heise sitúan a los actores de teatro May Irwin y John C. Rice frente a una cámara y simplemente les exhortan a besarse. ¿Simplemente? Primera vez que una pareja delinque mostrándose en pantalla en actitud sospechosamente cariñosa, vapuleando las estrictas convicciones morales de una sociedad en extremo puritana e hipócrita. El escándalo estaba servido para millones de comensales. El experimento dura escasos veinte segundos, los suficientes para hacer rechinar los dientes del espectador de la época que presenciaba cómo los rostros de May y John se iban acercando progresivamente hasta sellar ridículamente sus labios como habían hecho ya antes sobre los escenarios de Broadway en la escena final de la exitosa obra de John McNally "The widow Jones". El experimento es breve mas perdura en la retina y en el cerebro. Esto ya no eran obreros ociosos ni regadores regados ni pasajeros en la estación. Lo cierto es que algo que hoy nos parecería irrisorio hace más de cien años escandalizó a la opinión pública norteamericana, primer gancho de izquierda que propinaba a sus feligreses la máquina de las fantasías a un palmo. Intentemos hacer una reconstrucción esquemática de los hechos y un retrato robot de los infractores: "The kiss". Plano medio corto de la pareja de maduros protagonista, ninguno de ellos demasiado agraciado físicamente, ella a la izquierda y él a la derecha, ella ligeramente reclinada sobre él, él que aproxima su cabeza y comienza a besuquear la comisura de la boca de ella que escora por la mejilla izquierda, todo ello sin dejar de hablar (¿qué le dirá que tanto le divierte?), ella que le replica y lo escruta de reojo con insolente picardía, él que continúa besándola, ellos que ríen para que a nadie le quepa pensar que no están disfrutando alevosamente del momento, luego él que se retira haciendo algunos aspavientos con las manos, por dos veces se atusa el bigote y le estampa el beso final como haciendo caer sobre ella toda su artillería pesada. El plano medio corto del principio no ha cambiado con la acción. Fin. Veinte segundos que no consiguieron soportar la represión de la Era Victoriana pero sí el paso inexorable del tiempo, inaugurando mutatis mutandis la esclusa que condujo la nave del celuloide al reino de las miserias y las pasiones. Y la nave va.
jueves, octubre 15, 2009
Malditos bastardos
Trajes a medida, pagos tizón,
impuestos que alzan la mirada al cielo,
latrocinios de estado, huelgas de celo,
flamantes corruptelas de salón,
filesas, gales, gürtels, yaks, ... memoria
de un país de buitres y bandoleros,
carroñas de museo y muchos ceros
a la hucha de estos hijos de la gloria.
Con vosotros, queridos chupatintas
electos, eso sí, como dios manda
en el catecismo de los mangantes,
de hedor vienen las mañanas encintas,
sois carne de Tarantino que ya anda
buscando (ídem título) figurantes.
impuestos que alzan la mirada al cielo,
latrocinios de estado, huelgas de celo,
flamantes corruptelas de salón,
filesas, gales, gürtels, yaks, ... memoria
de un país de buitres y bandoleros,
carroñas de museo y muchos ceros
a la hucha de estos hijos de la gloria.
Con vosotros, queridos chupatintas
electos, eso sí, como dios manda
en el catecismo de los mangantes,
de hedor vienen las mañanas encintas,
sois carne de Tarantino que ya anda
buscando (ídem título) figurantes.
lunes, octubre 05, 2009
¿Adónde voy? II
A Roma con Audrey de vacaciones
a Melmac huyendo del temporal
con Henry a hacer volar OK Corral
a Sherwood a robar a los ladrones
al fondo de una caja con Pandora
a Neverland en coche de caballos
a negarme no más canten los gallos
en Bugatti a correr con Isadora
a la isla del tesoro en patinete
con Kelly a hacer manitas al granero
a Oriente por si queda algún juguete
a cantar "singin' bajo el aguacero"
a escaparme contigo en un cohete
hasta que dos y dos prescriban cero.
a Melmac huyendo del temporal
con Henry a hacer volar OK Corral
a Sherwood a robar a los ladrones
al fondo de una caja con Pandora
a Neverland en coche de caballos
a negarme no más canten los gallos
en Bugatti a correr con Isadora
a la isla del tesoro en patinete
con Kelly a hacer manitas al granero
a Oriente por si queda algún juguete
a cantar "singin' bajo el aguacero"
a escaparme contigo en un cohete
hasta que dos y dos prescriban cero.
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Vacaciones en Roma
jueves, octubre 01, 2009
Corazonada
Sobrado de Esperanza y Gallardía
mas cauto por cuestiones del enjuague
con un ojo mirando a Copenhague
mi seso desbarata la alegría,
que hablando el corazón no tengo duda
de que un chulapo portará la llama
mal que a Lula le pese como a Obama
(para eso están los libros de autoayuda).
Mas manda la razón con fiera espada
sobre la voluntad del albedrío
que no encuentre en Madrid cama el destino
(ni en Tokio ni en Chicago, hilando fino).
Ya callo y pienso mientras te sonRío:
yo también tengo una corazonada.
mas cauto por cuestiones del enjuague
con un ojo mirando a Copenhague
mi seso desbarata la alegría,
que hablando el corazón no tengo duda
de que un chulapo portará la llama
mal que a Lula le pese como a Obama
(para eso están los libros de autoayuda).
Mas manda la razón con fiera espada
sobre la voluntad del albedrío
que no encuentre en Madrid cama el destino
(ni en Tokio ni en Chicago, hilando fino).
Ya callo y pienso mientras te sonRío:
yo también tengo una corazonada.
miércoles, septiembre 30, 2009
Atrevimientos III: Soneto a la Libertad de Oscar Wilde
No es que a tus hijos, de pupilas lacias
que apenas su congoja admiten ver
y mentes que prefieren no saber,
yo ame -es que el rugir de tus Democracias,
tus reinos del Terror, tus Anarquías
cual mar reflejan mi animosidad
y a mi ira un hermano dan- ¡Libertad!
sólo así tus dísonas melodías
llorando alegran mi alma, ya los jueces
todos, a mal de látigo y andanadas
robasen a los pueblos sus derechos
que no me inmute -y a pesar de los hechos,
los Cristos muriendo en las barricadas
sabe Dios que estoy con ellos, a veces.
que apenas su congoja admiten ver
y mentes que prefieren no saber,
yo ame -es que el rugir de tus Democracias,
tus reinos del Terror, tus Anarquías
cual mar reflejan mi animosidad
y a mi ira un hermano dan- ¡Libertad!
sólo así tus dísonas melodías
llorando alegran mi alma, ya los jueces
todos, a mal de látigo y andanadas
robasen a los pueblos sus derechos
que no me inmute -y a pesar de los hechos,
los Cristos muriendo en las barricadas
sabe Dios que estoy con ellos, a veces.
lunes, septiembre 28, 2009
Atrevimientos II: Soneto a la Ciencia de Edgar A. Poe
Ciencia, hija nata del Tiempo, profeta
que al cabo de tus ojos todo alteras
¿por qué arrancas el alma del poeta
cual buitre de alas torpes mas certeras?
¿Cómo amarte o cómo juzgarte sabia
quien presa tuya en su deambular
ni con terca ala alzándose en su rabia
puede el tesoro del cielo atrapar?
¿No hurtaste del carro a Diana y con ella
del bosque a la Hamadríade raptaste
en pos de mayor gozo en una estrella
y de la riada a la Náyade echaste,
de la yerba al Elfo y a mí del lindo
ensueño estival bajo el tamarindo?
que al cabo de tus ojos todo alteras
¿por qué arrancas el alma del poeta
cual buitre de alas torpes mas certeras?
¿Cómo amarte o cómo juzgarte sabia
quien presa tuya en su deambular
ni con terca ala alzándose en su rabia
puede el tesoro del cielo atrapar?
¿No hurtaste del carro a Diana y con ella
del bosque a la Hamadríade raptaste
en pos de mayor gozo en una estrella
y de la riada a la Náyade echaste,
de la yerba al Elfo y a mí del lindo
ensueño estival bajo el tamarindo?
domingo, septiembre 20, 2009
Atrevimientos I: Soneto 128 de W. Shakespeare
Mi música, que música ejecutas
vibrando en la madera hacia el sonido,
dulces dedos que urdiendo van las rutas
del vivo acorde que unces a mi oído.
La tecla envidio, que urge con su vuelo
besar la tierna palma de tu mano,
cosecha de unos labios en desvelo
opuestos a la audaz madera en vano.
Trocarían por ser acariciados
su condición por la de esas astillas
que tus dedos recorren extasiados
brindando a la madera maravillas.
Pues tu dedo es de la tecla embeleso
quédeselo, que yo me quedo el beso.
vibrando en la madera hacia el sonido,
dulces dedos que urdiendo van las rutas
del vivo acorde que unces a mi oído.
La tecla envidio, que urge con su vuelo
besar la tierna palma de tu mano,
cosecha de unos labios en desvelo
opuestos a la audaz madera en vano.
Trocarían por ser acariciados
su condición por la de esas astillas
que tus dedos recorren extasiados
brindando a la madera maravillas.
Pues tu dedo es de la tecla embeleso
quédeselo, que yo me quedo el beso.
jueves, septiembre 17, 2009
Macarena
Dueña de los infinitos que ignoro
rebelde aprendiz de polvorilla
llama viva ardiendo en la cerilla
mapamundi del cofre del tesoro
empresa subsidiaria del decoro
antídoto contra la pesadilla
a veces bruja, siempre maravilla
secuaz de las lágrimas que no lloro
aroma inaugural de primavera
corazón tan inmenso que lastima
velero que navega a full speed
tan cuerda como una regadera
tan menuda, tan rizos, tan encima
de una nube del cielo de Madrid.
rebelde aprendiz de polvorilla
llama viva ardiendo en la cerilla
mapamundi del cofre del tesoro
empresa subsidiaria del decoro
antídoto contra la pesadilla
a veces bruja, siempre maravilla
secuaz de las lágrimas que no lloro
aroma inaugural de primavera
corazón tan inmenso que lastima
velero que navega a full speed
tan cuerda como una regadera
tan menuda, tan rizos, tan encima
de una nube del cielo de Madrid.
viernes, septiembre 04, 2009
La salida
Entre la tierra que piso
y el rayo que me alimenta
(aunque eficaz, impreciso)
hay un cielo que improviso
entre tormenta y tormenta.
Entre el suelo que cultivo
y la sima del olvido
hay un erebo cautivo
(aunque impreciso, lesivo)
mal de malo conocido.
Entre el erebo y el cielo,
ajustada a la medida
de mi corazón en celo,
una sombra de canguelo
me acompaña a la salida.
y el rayo que me alimenta
(aunque eficaz, impreciso)
hay un cielo que improviso
entre tormenta y tormenta.
Entre el suelo que cultivo
y la sima del olvido
hay un erebo cautivo
(aunque impreciso, lesivo)
mal de malo conocido.
Entre el erebo y el cielo,
ajustada a la medida
de mi corazón en celo,
una sombra de canguelo
me acompaña a la salida.
miércoles, septiembre 02, 2009
La vuelta
La vuelta de la playa al parvulario
me deja estrés mezclado con calor
exijo pues un frío redentor
de los que congelan hasta el salario.
Ya asoman mis terrores inconfesos
por un resquicio gris del protocolo
ministerial, ni encerrándome solo
me haréis apostatar del plan de besos.
Aquí me tenéis, preparando el CV
por si en la cara oculta de la luna
consigo una vacante en una nube.
Ahora os dejo, que aunque prisa no hay ninguna
me han dicho que accediendo por YouTube
consigues bonos para la vacuna.
me deja estrés mezclado con calor
exijo pues un frío redentor
de los que congelan hasta el salario.
Ya asoman mis terrores inconfesos
por un resquicio gris del protocolo
ministerial, ni encerrándome solo
me haréis apostatar del plan de besos.
Aquí me tenéis, preparando el CV
por si en la cara oculta de la luna
consigo una vacante en una nube.
Ahora os dejo, que aunque prisa no hay ninguna
me han dicho que accediendo por YouTube
consigues bonos para la vacuna.
sábado, agosto 29, 2009
Sin ti
I
Más solo que el primero de la fila
más sucio que la espada de Nerón
más en vilo que el pelo de Sansón
rendido a la tijera de Dalila
más flaco que la raspa de una anguila
más turbio que una araña de Redon
más pobre que este pobre corazón
más perdido que el karma de Godzilla
más hosco que el grillete de Espartaco
más feo que el marqués de Bradomín
más mustio que el capote de Chamaco
más rengo que un central de futbolín
más harto que quien sale a por tabaco
y nunca ha de volver con el botín.
II
Más tocado que el cielo que te toca
más hundido que el barco de Errol Flynn
más vivo que el charango de Comín
muriendo en cada puerto de tu boca
más loco que quien mal te vuelve loca
más húmedo que el mar de Little Jim
más nadie que Silvestre sin Piolín
más reo que del boquete la broca
más huero que el cerebro de un chanquete
más clueco que el sentir de una gallina
más triste que amarraco por pedrete
más fatuo que el ardor de una ursulina
asomada al Despierta de Negrete
así estoy yo sin ti (como Sabina)
Más solo que el primero de la fila
más sucio que la espada de Nerón
más en vilo que el pelo de Sansón
rendido a la tijera de Dalila
más flaco que la raspa de una anguila
más turbio que una araña de Redon
más pobre que este pobre corazón
más perdido que el karma de Godzilla
más hosco que el grillete de Espartaco
más feo que el marqués de Bradomín
más mustio que el capote de Chamaco
más rengo que un central de futbolín
más harto que quien sale a por tabaco
y nunca ha de volver con el botín.
II
Más tocado que el cielo que te toca
más hundido que el barco de Errol Flynn
más vivo que el charango de Comín
muriendo en cada puerto de tu boca
más loco que quien mal te vuelve loca
más húmedo que el mar de Little Jim
más nadie que Silvestre sin Piolín
más reo que del boquete la broca
más huero que el cerebro de un chanquete
más clueco que el sentir de una gallina
más triste que amarraco por pedrete
más fatuo que el ardor de una ursulina
asomada al Despierta de Negrete
así estoy yo sin ti (como Sabina)
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Sansón
martes, agosto 25, 2009
Cenicienta
¿Qué no darte que darte yo quisiera?
si apenas tengo mío el esqueleto
asomado al balcón de este careto
donde pugna el necio con la fiera.
¿Qué negarte? si hacerlo es ir negando
mi propia voluntad, mi propio instinto,
cada beso -a cada beso distinto-
y el sol que te traigo de contrabando.
Todo es para ti: mi mundo entero,
la tierra, el agua, el aire y el fuego,
el tiempo inexorable en que te espero,
la carroza, el aroma del espliego,
el zapato de cristal y hasta el suero
que anima el desconsuelo de mi riego.
si apenas tengo mío el esqueleto
asomado al balcón de este careto
donde pugna el necio con la fiera.
¿Qué negarte? si hacerlo es ir negando
mi propia voluntad, mi propio instinto,
cada beso -a cada beso distinto-
y el sol que te traigo de contrabando.
Todo es para ti: mi mundo entero,
la tierra, el agua, el aire y el fuego,
el tiempo inexorable en que te espero,
la carroza, el aroma del espliego,
el zapato de cristal y hasta el suero
que anima el desconsuelo de mi riego.
sábado, agosto 15, 2009
Toda la mar por delante
I
Pluma en ristre me embarco a la aventura
de navegar contigo sin hundirme
anémico de genio y de figura
y ahíto de encallar en tierra firme.
Izando velas hacia nuestro cielo
desafiando a los vientos de la suerte
las olas arrostrando a contrapelo
batiéndonos el cobre con la muerte.
Así al cabo del destino aún resuena
ese tango tan gaucho y tan porteño
a la luz de la luna de mi pena
y aunque el mar con desdén me frunza el ceño
mamé de mis naufragios en la arena
que lo más grande está en lo más pequeño.
II
Navega sin temor, velero mío,
que nos tiende sus brazos la bonanza
y la isla que vigila este amorío
se deja ver ya por la lontananza.
Nos guía el vuelo de una estrella errante
que con tus ojos suma tres luceros,
al frente toda la mar por delante
juez y parte de días venideros.
La sal cicatrizando la sutura
que impone como un pérfido estilete
el zigzagueo de esta singladura,
excitado el timón, gravoso el flete,
el gran azul me enseña sin premura
el arte vitalicio del grumete.
Pluma en ristre me embarco a la aventura
de navegar contigo sin hundirme
anémico de genio y de figura
y ahíto de encallar en tierra firme.
Izando velas hacia nuestro cielo
desafiando a los vientos de la suerte
las olas arrostrando a contrapelo
batiéndonos el cobre con la muerte.
Así al cabo del destino aún resuena
ese tango tan gaucho y tan porteño
a la luz de la luna de mi pena
y aunque el mar con desdén me frunza el ceño
mamé de mis naufragios en la arena
que lo más grande está en lo más pequeño.
II
Navega sin temor, velero mío,
que nos tiende sus brazos la bonanza
y la isla que vigila este amorío
se deja ver ya por la lontananza.
Nos guía el vuelo de una estrella errante
que con tus ojos suma tres luceros,
al frente toda la mar por delante
juez y parte de días venideros.
La sal cicatrizando la sutura
que impone como un pérfido estilete
el zigzagueo de esta singladura,
excitado el timón, gravoso el flete,
el gran azul me enseña sin premura
el arte vitalicio del grumete.
miércoles, julio 29, 2009
Chuzos
I
Llueven chuzos como ecos de arrogancia
calándome tu nombre embravecido
le van faltando arrestos al olvido
le va pesando el cielo a la distancia.
Humedades que deja el aguacero
sobre estos simples celos que te escribo
ora te vas y no sé qué hago vivo
ora al volver no sé por qué no muero.
Debe ser que el amor es caprichoso
y cobarde, ese gran desconocido,
y tú y yo a veces somos el reverso
y la cara de un sueño vanidoso,
y otras veces erramos sin sentido
empadronados en el mismo beso.
II
Lloviendo como música de fondo
que purga los designios del destino
vamos cuadriculando lo redondo
buscando en cada arista el vellocino.
Y no nos damos cuenta de que el faro
alumbra dos caminos diferentes:
uno va del amor al desamparo
y otro bebe del agua de otras fuentes.
Dolientes corazones que desaguan
la savia por las venas del silencio
guardando el sinsabor para su adentro,
indóciles razones las que fraguan
la firme autoridad con que sentencio
el finiquito de este desencuentro.
Llueven chuzos como ecos de arrogancia
calándome tu nombre embravecido
le van faltando arrestos al olvido
le va pesando el cielo a la distancia.
Humedades que deja el aguacero
sobre estos simples celos que te escribo
ora te vas y no sé qué hago vivo
ora al volver no sé por qué no muero.
Debe ser que el amor es caprichoso
y cobarde, ese gran desconocido,
y tú y yo a veces somos el reverso
y la cara de un sueño vanidoso,
y otras veces erramos sin sentido
empadronados en el mismo beso.
II
Lloviendo como música de fondo
que purga los designios del destino
vamos cuadriculando lo redondo
buscando en cada arista el vellocino.
Y no nos damos cuenta de que el faro
alumbra dos caminos diferentes:
uno va del amor al desamparo
y otro bebe del agua de otras fuentes.
Dolientes corazones que desaguan
la savia por las venas del silencio
guardando el sinsabor para su adentro,
indóciles razones las que fraguan
la firme autoridad con que sentencio
el finiquito de este desencuentro.
martes, julio 28, 2009
Pesadillas IV: Balas
La primera ha decidido
instalarse entre mis cejas
la segunda, si me dejas,
que en la sien forje su nido.
La tercera de las balas
que ha ingresado en mi cabeza
sabe a sentencia de jueza
de las buenas por las malas.
La cuarta en seco ha lavado
con sangre mi entendedera,
la quinta bala no espera
que se levante el finado.
La postrera lleva un lazo
bordado de abajo arriba
y en el lazo una misiva:
aquí va mi último abrazo.
instalarse entre mis cejas
la segunda, si me dejas,
que en la sien forje su nido.
La tercera de las balas
que ha ingresado en mi cabeza
sabe a sentencia de jueza
de las buenas por las malas.
La cuarta en seco ha lavado
con sangre mi entendedera,
la quinta bala no espera
que se levante el finado.
La postrera lleva un lazo
bordado de abajo arriba
y en el lazo una misiva:
aquí va mi último abrazo.
jueves, julio 23, 2009
An affair to remember (in Granada)
En un mundo perfecto yo sería
Cary Grant en Niza de vacaciones
enamorándome hasta los millones
de ti, como hace el sol con cada día.
En un mundo perfecto tú serías
Deborah Kerr vagando por cubierta
girándote al amor a tumba abierta
con tus manos temblando entre las mías.
Es así que habríamos prometido
velar tiernamente nuestros destinos
que siempre supo y nunca vio la abuela.
Así derogamos lo desvivido
pactando figurar nuestros caminos
hacia el cielo en la Torre de la Vela.
Cary Grant en Niza de vacaciones
enamorándome hasta los millones
de ti, como hace el sol con cada día.
En un mundo perfecto tú serías
Deborah Kerr vagando por cubierta
girándote al amor a tumba abierta
con tus manos temblando entre las mías.
Es así que habríamos prometido
velar tiernamente nuestros destinos
que siempre supo y nunca vio la abuela.
Así derogamos lo desvivido
pactando figurar nuestros caminos
hacia el cielo en la Torre de la Vela.
miércoles, julio 22, 2009
¿De quién soy?
I
Soy de quien huye hacia mí, de quien mora
los turbios dédalos de mi cabeza,
soy de quien alicata mi tristeza
con sonrisas robadas a la aurora.
Soy de quien se acurruca a mi costado
mordiendo los silencios infinitos,
de quien calma el picor de mis pruritos
con inyecciones del mejor pecado.
Soy de quien me conserva en la memoria
sin edulcorantes ni aditivos
y me amordaza con cada latido,
de quien gira a mi ritmo en esta noria,
de quien paga con besos mis recibos,
soy de quien nunca fui y siempre habré sido.
II
Soy de quien me cuestiona y me resuelve,
de quien me tiende el plato y la cuchara,
de quien envida al juego y equipara
lo que me quita y lo que me devuelve.
Soy de quien me ilumina y me oscurece
cuando es gris el sol y clara la luna,
de quien reivindicó que mi fortuna
tanto más vale cuanto más escuece.
Soy de quien merodea por mi vida
a gatas, persiguiendo conclusiones
sin entender nada de lo que apunta,
soy de quien compromete la partida
por alejarme de los nubarrones.
Responda cada cual a la pregunta.
Soy de quien huye hacia mí, de quien mora
los turbios dédalos de mi cabeza,
soy de quien alicata mi tristeza
con sonrisas robadas a la aurora.
Soy de quien se acurruca a mi costado
mordiendo los silencios infinitos,
de quien calma el picor de mis pruritos
con inyecciones del mejor pecado.
Soy de quien me conserva en la memoria
sin edulcorantes ni aditivos
y me amordaza con cada latido,
de quien gira a mi ritmo en esta noria,
de quien paga con besos mis recibos,
soy de quien nunca fui y siempre habré sido.
II
Soy de quien me cuestiona y me resuelve,
de quien me tiende el plato y la cuchara,
de quien envida al juego y equipara
lo que me quita y lo que me devuelve.
Soy de quien me ilumina y me oscurece
cuando es gris el sol y clara la luna,
de quien reivindicó que mi fortuna
tanto más vale cuanto más escuece.
Soy de quien merodea por mi vida
a gatas, persiguiendo conclusiones
sin entender nada de lo que apunta,
soy de quien compromete la partida
por alejarme de los nubarrones.
Responda cada cual a la pregunta.
miércoles, julio 08, 2009
lunes, julio 06, 2009
¿De dónde soy?
Soy del mar ceniciento de Almería,
del ruidoso arrabal de la fortuna,
soy hermano de la hija de la luna
llena, soy de la luz y de la umbría,
soy del distrito apache del sediento
mes que no vio llover por no mojarte,
soy del club de tahúres que al descarte
tiran ases, yo soy de donde el viento.
Soy de una estrella errante y vanidosa
que perdió la etiqueta de lucero,
soy del puente entre el brezo y la mimosa,
del tibio atardecer de un cielo austero,
soy de un canto de frontera nebulosa
en voces que guardé bajo el sombrero.
del ruidoso arrabal de la fortuna,
soy hermano de la hija de la luna
llena, soy de la luz y de la umbría,
soy del distrito apache del sediento
mes que no vio llover por no mojarte,
soy del club de tahúres que al descarte
tiran ases, yo soy de donde el viento.
Soy de una estrella errante y vanidosa
que perdió la etiqueta de lucero,
soy del puente entre el brezo y la mimosa,
del tibio atardecer de un cielo austero,
soy de un canto de frontera nebulosa
en voces que guardé bajo el sombrero.
viernes, julio 03, 2009
¿De dónde vengo?
Vengo de Oz de cambiar seso por lata
de comprar una flauta en Hamelín
de levantarle una novia a Merlín
de buscar oro en Río de la Plata.
Vengo del hospital de los recuerdos
de haber sangrado tinta en el papel
de tapar el cañón con un clavel
de arrojar margaritas a los cerdos.
Vengo de las rebajas de tu cara
del magro desconsuelo de la prisa
de un beso rebotado en el larguero
de una tournée guiada por el samsara
de romperme contigo la camisa
y no haber remendado el agujero.
de comprar una flauta en Hamelín
de levantarle una novia a Merlín
de buscar oro en Río de la Plata.
Vengo del hospital de los recuerdos
de haber sangrado tinta en el papel
de tapar el cañón con un clavel
de arrojar margaritas a los cerdos.
Vengo de las rebajas de tu cara
del magro desconsuelo de la prisa
de un beso rebotado en el larguero
de una tournée guiada por el samsara
de romperme contigo la camisa
y no haber remendado el agujero.
jueves, julio 02, 2009
¿Adónde voy? (La próxima estación)
A Katmandú a esconderme con el Gato
con Comín al infierno en bicicleta
con Croce al arco iris en avioneta
con Elvis a cantar blue suede zapato
a alistarme en la guerra prometida
al centro de la Tierra en tobogán
a los mares del sur con Sandokán
a freir a Vader en misión suicida
a Marte (qué confusa sensación)
a Brigadoon por una temporada
a llevarle jamón a Robinsón
a Tombstone con la pólvora mojada
contigo hasta esa próxima estación
que siempre hay al final de la escapada.
con Comín al infierno en bicicleta
con Croce al arco iris en avioneta
con Elvis a cantar blue suede zapato
a alistarme en la guerra prometida
al centro de la Tierra en tobogán
a los mares del sur con Sandokán
a freir a Vader en misión suicida
a Marte (qué confusa sensación)
a Brigadoon por una temporada
a llevarle jamón a Robinsón
a Tombstone con la pólvora mojada
contigo hasta esa próxima estación
que siempre hay al final de la escapada.
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Tombstone
miércoles, julio 01, 2009
¿Quién soy?
I
Soy tabasco en un plato de lentejas
soy Gandhi en un desfile militar
soy sexo en una fiesta de guardar
soy disidente de las moralejas
soy Kong en la pasarela Cibeles
soy el papa mirando hacia la Meca
soy Ken sodomizando a la muñeca
soy Dylan wantin' you hasta los pinreles
soy Ulises de vacaciones en Troya
soy Sabina en el coro de la iglesia
soy carne de cañón en Navarone
soy Flipper en un lienzo de Sorolla
soy cura en un burdel de Polinesia
soy Brad Pitt, que seguro que te pone.
II
Soy mosca en la Costa de los Mosquitos
soy Peter Pan volando con Iberia
soy Orzowei en medio de la feria
soy Mafalda enrollada con Carlitos
soy Aído en un sillón de la Academia
soy Simbad encallando en la pecera
soy Rocco escapando por la trasera
soy el virus desertor de la pandemia
soy Freedonia en la cumbre del G7
soy Harpo cantando bajo la lluvia
soy Hemingway bebiendo agua de mar
soy Dixie bailando con Espinete
soy Hitch entre las piernas de una rubia
soy Keaton, el que calla por no hablar.
III
Soy Carl Lewis cogiendo carrerilla
soy Hulk en busca de novia formal
soy gaita en una copla de Ruibal
soy abeja con cintura de avispilla
soy Tarzán en un workshop de zoofilia
soy cangrejo en el mar de Fukushima
soy el primo bastardo de la prima
de riesgo en nuestro álbum de familia
soy Bambi en el desierto de Atacama
soy relaxing café en Alcalá Meco
soy pepino en un bol de salmorejo
soy Castro merendando con Obama
soy Drácula apurando un triple seco
soy yo, me dice el tipo del espejo.
Soy tabasco en un plato de lentejas
soy Gandhi en un desfile militar
soy sexo en una fiesta de guardar
soy disidente de las moralejas
soy Kong en la pasarela Cibeles
soy el papa mirando hacia la Meca
soy Ken sodomizando a la muñeca
soy Dylan wantin' you hasta los pinreles
soy Ulises de vacaciones en Troya
soy Sabina en el coro de la iglesia
soy carne de cañón en Navarone
soy Flipper en un lienzo de Sorolla
soy cura en un burdel de Polinesia
soy Brad Pitt, que seguro que te pone.
II
Soy mosca en la Costa de los Mosquitos
soy Peter Pan volando con Iberia
soy Orzowei en medio de la feria
soy Mafalda enrollada con Carlitos
soy Aído en un sillón de la Academia
soy Simbad encallando en la pecera
soy Rocco escapando por la trasera
soy el virus desertor de la pandemia
soy Freedonia en la cumbre del G7
soy Harpo cantando bajo la lluvia
soy Hemingway bebiendo agua de mar
soy Dixie bailando con Espinete
soy Hitch entre las piernas de una rubia
soy Keaton, el que calla por no hablar.
III
Soy Carl Lewis cogiendo carrerilla
soy Hulk en busca de novia formal
soy gaita en una copla de Ruibal
soy abeja con cintura de avispilla
soy Tarzán en un workshop de zoofilia
soy cangrejo en el mar de Fukushima
soy el primo bastardo de la prima
de riesgo en nuestro álbum de familia
soy Bambi en el desierto de Atacama
soy relaxing café en Alcalá Meco
soy pepino en un bol de salmorejo
soy Castro merendando con Obama
soy Drácula apurando un triple seco
soy yo, me dice el tipo del espejo.
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viernes, junio 26, 2009
Si algún día (a mis amigos, aterrado)
Si algún día pierdo el norte
y me da por ser monarca,
considéreme la parca
un paje más de la corte
cuando visite mi charca.
Si algún día pierdo el sur
por creerme, de Europa a Asia,
salvador de la galaxia
y profeta en Yom Kipur,
proceded a la eutanasia.
Si algún día pierdo el este
y remato de rabona
una mina antipersona,
despojadme de esa peste
a jarabe de exitona.
Si el oeste pierdo un día
y me aventuro a lo incierto
más que vivo valdré muerto.
No dejéis que ese tranvía
de la estación llegue al puerto.
Si algún día pierdo el centro
y tuneo la escalera
y coloco mi bandera
en la cumbre bien adentro,
empujadme a la ladera.
y me da por ser monarca,
considéreme la parca
un paje más de la corte
cuando visite mi charca.
Si algún día pierdo el sur
por creerme, de Europa a Asia,
salvador de la galaxia
y profeta en Yom Kipur,
proceded a la eutanasia.
Si algún día pierdo el este
y remato de rabona
una mina antipersona,
despojadme de esa peste
a jarabe de exitona.
Si el oeste pierdo un día
y me aventuro a lo incierto
más que vivo valdré muerto.
No dejéis que ese tranvía
de la estación llegue al puerto.
Si algún día pierdo el centro
y tuneo la escalera
y coloco mi bandera
en la cumbre bien adentro,
empujadme a la ladera.
martes, junio 23, 2009
Noche de San Juan
La noche de los deseos
que buscando van la luna
cuando la diosa fortuna
sólo es carne de museos.
La noche de aguas impuras,
de la erótica festiva,
de la vecina de arriba
quemando mechas a oscuras.
La noche de las hogueras
de los placeres vedados,
de las brujas que a los hados
meten mano en las carteras.
Aunque no creo en sanjuanes
por si las moscas les pido
que no dispare Cupido
sobre mí sus tulipanes.
Y si yerro la estrategia
y me hiriese una saeta
en manos del Gran Profeta
encomiendo mi hemiplejia.
¿Por qué volverse jumento
y cargar con la desdicha
si meneando la bicha
el corazón va contento?
que buscando van la luna
cuando la diosa fortuna
sólo es carne de museos.
La noche de aguas impuras,
de la erótica festiva,
de la vecina de arriba
quemando mechas a oscuras.
La noche de las hogueras
de los placeres vedados,
de las brujas que a los hados
meten mano en las carteras.
Aunque no creo en sanjuanes
por si las moscas les pido
que no dispare Cupido
sobre mí sus tulipanes.
Y si yerro la estrategia
y me hiriese una saeta
en manos del Gran Profeta
encomiendo mi hemiplejia.
¿Por qué volverse jumento
y cargar con la desdicha
si meneando la bicha
el corazón va contento?
lunes, junio 22, 2009
Por las venas del tiempo
Por las venas del tiempo va sangrando la historia
recibos no pagados a ritmo de epidemia,
no quedan fármacos para combatir la anemia
de las ciudades ni el colapso de la memoria.
Por las ramas del recuerdo aún gira aquella noria
que hizo de la música y el cine mi academia,
ya sólo hay cibers, parquímetros y leucemia
inducida por hijos electos de la gloria.
Por los racimos de la carne circula frío
sin detenerse el declive de nuestra cultura,
así todo lo que alguna vez creí era mío
una noche acabó en el camión de la basura
y el asfalto de esta selva humana formó un río
que desembocó en el delta de su sepultura.
recibos no pagados a ritmo de epidemia,
no quedan fármacos para combatir la anemia
de las ciudades ni el colapso de la memoria.
Por las ramas del recuerdo aún gira aquella noria
que hizo de la música y el cine mi academia,
ya sólo hay cibers, parquímetros y leucemia
inducida por hijos electos de la gloria.
Por los racimos de la carne circula frío
sin detenerse el declive de nuestra cultura,
así todo lo que alguna vez creí era mío
una noche acabó en el camión de la basura
y el asfalto de esta selva humana formó un río
que desembocó en el delta de su sepultura.
miércoles, junio 17, 2009
Nada
+ que echar de - (dando las 0)
te imagino por + que yo no quiera
pues 1 cuando - se lo espera
levanta la tapa del agujero.
- mal (ya se torna negativo)
que cuanto + te pienso + te olvido
(y voy ganando puntos al descuido)
al - no pierdo el pie del estribo.
Ade+ de empañarme la mirada
el -cabo en los ojos ajenos,
a pesar de haber entrado en parada
cardiaca por es3es escalenos
el balance de todo es siempre nada
de nada, siempre nada + o -.
te imagino por + que yo no quiera
pues 1 cuando - se lo espera
levanta la tapa del agujero.
- mal (ya se torna negativo)
que cuanto + te pienso + te olvido
(y voy ganando puntos al descuido)
al - no pierdo el pie del estribo.
Ade+ de empañarme la mirada
el -cabo en los ojos ajenos,
a pesar de haber entrado en parada
cardiaca por es3es escalenos
el balance de todo es siempre nada
de nada, siempre nada + o -.
martes, junio 16, 2009
Michelle
Si hay algo más que quieras que te escriba,
si algún verso erró su postrer camino,
si observaste en las rimas desatino
o en el estilo amnesia corrosiva,
si no acreditaste esta misiva
por mor de aquellas cosas del destino,
lo pintaré en tu piel que ya adivino
regalada al pincel de mi saliva
de norte a sur, mojando lo que digo,
burlando los lunares de tu pecho,
explorando la sima de tu ombligo,
dispuesto a navegar por el estrecho
en busca del pantano que persigo
yacente tras de un soto de provecho.
Allá me detendré como un mendigo
con hambre impresa de un siglo en barbecho
hasta saciarme al flujo de tu abrigo.
si algún verso erró su postrer camino,
si observaste en las rimas desatino
o en el estilo amnesia corrosiva,
si no acreditaste esta misiva
por mor de aquellas cosas del destino,
lo pintaré en tu piel que ya adivino
regalada al pincel de mi saliva
de norte a sur, mojando lo que digo,
burlando los lunares de tu pecho,
explorando la sima de tu ombligo,
dispuesto a navegar por el estrecho
en busca del pantano que persigo
yacente tras de un soto de provecho.
Allá me detendré como un mendigo
con hambre impresa de un siglo en barbecho
hasta saciarme al flujo de tu abrigo.
miércoles, junio 10, 2009
En un Todo a cien
En un Todo a cien
compré un reloj de pared
que adelantaba y marcaba horas al revés
y dando las diez
la aguja mayor
se pone a coser.
En un Todo a cien
compré una luna de miel
que se apagaba para ahorrar a fin de mes
y dando las diez
el cuarto mayor
se vuelve a encender.
En un Todo a cien
compré un barco de papel
que navegaba y encallaba en un tonel
y dando las diez
a la vela mayor
le da por arder.
En un Todo a cien
compré una nube de piel
que a la luna tendió una mano, al barco un pie
y dando las diez
el reloj de pared
se pone a llover.
compré un reloj de pared
que adelantaba y marcaba horas al revés
y dando las diez
la aguja mayor
se pone a coser.
En un Todo a cien
compré una luna de miel
que se apagaba para ahorrar a fin de mes
y dando las diez
el cuarto mayor
se vuelve a encender.
En un Todo a cien
compré un barco de papel
que navegaba y encallaba en un tonel
y dando las diez
a la vela mayor
le da por arder.
En un Todo a cien
compré una nube de piel
que a la luna tendió una mano, al barco un pie
y dando las diez
el reloj de pared
se pone a llover.
martes, junio 09, 2009
Rap del azar
I
Azar quiso que un día conociera
a un buscón aspirante a bucanero
que se casó con un putón florero
que era prima de Chucho Calavera
que había pilotado un jet privado
que al cielo llevó al Cónsul de Bajuras
que era un tipo al que le iban las maduras
de quince oliendo a tiburón follado
que pescan los chulos en las piscinas
que no supieron nunca qué es el mar
que va dejando sal por las esquinas
los domingos y fiestas de guardar
en que untan pegajosas vaselinas
las musas en el culo del Azar.
II
Azar me presentó al representante
de biblias ilustradas en franela
que con veneno suicidó a su abuela
que era republicana practicante
viuda de un conocido bandolero
que hacía pellas en Sierra Morena
que se reforestó con yerbabuena
que a hostias fue robada de un vivero
que fue asaltado por el Movimiento
creyendo que era aquel el lupanar
que frecuentaban los del Parlamento
domingos y otras fiestas de guardar
en que untan con perfume y linimento
las náyades el culo del Azar.
(...Y vuelta a empAzar)
Azar quiso que un día conociera
a un buscón aspirante a bucanero
que se casó con un putón florero
que era prima de Chucho Calavera
que había pilotado un jet privado
que al cielo llevó al Cónsul de Bajuras
que era un tipo al que le iban las maduras
de quince oliendo a tiburón follado
que pescan los chulos en las piscinas
que no supieron nunca qué es el mar
que va dejando sal por las esquinas
los domingos y fiestas de guardar
en que untan pegajosas vaselinas
las musas en el culo del Azar.
II
Azar me presentó al representante
de biblias ilustradas en franela
que con veneno suicidó a su abuela
que era republicana practicante
viuda de un conocido bandolero
que hacía pellas en Sierra Morena
que se reforestó con yerbabuena
que a hostias fue robada de un vivero
que fue asaltado por el Movimiento
creyendo que era aquel el lupanar
que frecuentaban los del Parlamento
domingos y otras fiestas de guardar
en que untan con perfume y linimento
las náyades el culo del Azar.
(...Y vuelta a empAzar)
lunes, junio 08, 2009
Estos ojos
Estos ojos que han visto arder Manhattan,
a Kaplan con la muerte en los talones
y a Glenn Ford sacudiendo bofetones
a Gilda porque hay amores que matan.
Mis ojos que esconden lo que delatan,
que vieron a King Kong cazar aviones,
a Norma Jean con un par de bribones
y a Ardiles en un match en el que empatan.
Estos ojos como estrellas fugaces
que han rubricado escotes y perneras,
que han escapado de urnas y alcatraces,
al arco iris tejiendo primaveras
con Fede, Elena, Bruno y sus secuaces
han visto, vos sabés, cuadrar esferas.
a Kaplan con la muerte en los talones
y a Glenn Ford sacudiendo bofetones
a Gilda porque hay amores que matan.
Mis ojos que esconden lo que delatan,
que vieron a King Kong cazar aviones,
a Norma Jean con un par de bribones
y a Ardiles en un match en el que empatan.
Estos ojos como estrellas fugaces
que han rubricado escotes y perneras,
que han escapado de urnas y alcatraces,
al arco iris tejiendo primaveras
con Fede, Elena, Bruno y sus secuaces
han visto, vos sabés, cuadrar esferas.
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King Kong,
Norma Jean
Secretos de alcoba (esto no es poesía, es puro rock and roll)
1.
Cuando me atormenta
la eterna pregunta
y ruge la marabunta
¿por qué no hacemos el amor?
Me respondes con un guiño
sincero y divertido
¿y si nos ve mi marido?
¡Echamos a correr los dos!
En pos de nuevas esperanzas
en pos de la tierra de las mil danzas
en pos de una nueva aventura
nacida de un mal parto
teñida de infarto
y burlamos al perseguidor.
2.
Cuando duermo solo
en mi mente resucita
esa pregunta maldita
¿por qué no hacemos el amor?
Tu rostro se ruboriza
y me dices con dulzura
preguntémosle al cura
su consejo será el mejor.
No sabes lo que estás diciendo
¡hablar de sexo con un reverendo!
hacer del cuerpo un monumento
orgías como ritos
orgasmos benditos
en mística levitación.
Estr.
Lo veo en tu cara
ya estás decidida
te cobras mi vida
si otra vez me dices que no.
Si sólo quiero compartir
yo sólo quiero compartir
que sólo quiero compartir tus
secretos de alcoba (4).
Cada noche en un descuido
ella el corazón con arte me roba
y Cupido
me cuenta al oído
secretos de alcoba.
Cuando me atormenta
la eterna pregunta
y ruge la marabunta
¿por qué no hacemos el amor?
Me respondes con un guiño
sincero y divertido
¿y si nos ve mi marido?
¡Echamos a correr los dos!
En pos de nuevas esperanzas
en pos de la tierra de las mil danzas
en pos de una nueva aventura
nacida de un mal parto
teñida de infarto
y burlamos al perseguidor.
2.
Cuando duermo solo
en mi mente resucita
esa pregunta maldita
¿por qué no hacemos el amor?
Tu rostro se ruboriza
y me dices con dulzura
preguntémosle al cura
su consejo será el mejor.
No sabes lo que estás diciendo
¡hablar de sexo con un reverendo!
hacer del cuerpo un monumento
orgías como ritos
orgasmos benditos
en mística levitación.
Estr.
Lo veo en tu cara
ya estás decidida
te cobras mi vida
si otra vez me dices que no.
Si sólo quiero compartir
yo sólo quiero compartir
que sólo quiero compartir tus
secretos de alcoba (4).
Cada noche en un descuido
ella el corazón con arte me roba
y Cupido
me cuenta al oído
secretos de alcoba.
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